Domingo, 01 de Noviembre de 2026

Actualizada Domingo, 01 de Noviembre de 2026 a las 21:19:08 horas

ENRIQUE VILA
ENRIQUE VILA Domingo, 01 de Noviembre de 2026

Déjà vu: tragedias distintas, las mismas excusas

Como Neo en Matrix cuando ve al mismo gato negro pasar frente a él, tengo la sensación de haberlo vivido con anterioridad. De no ser algo nuevo sino pasado. Desgraciadamente, en ambos casos, hay fallecidos de por medio. En el primer caso cuarenta y seis, en el segundo vamos casi por setenta y que quede ahí.

Y no sólo eso, la sensación se extiende más. A culpar a cualquiera menos a uno mismo de ser el causante, directo o indirecto, del hecho y, obviamente, a evitar cualquier tipo de responsabilidad a pesar de ser el director, la cabeza, el máximo responsable del servicio. Lo dicho, un calco en uno y otro caso.

 

Por si fuera poco, a buscar responsabilidades en el remero del galeón que empuja uno de los cientos de remos evitando señalar al capitán del buque que, claramente, equivocó el rumbo del navío y lo condujo directamente a los escollos de la costa.

A lamentar, faltaría más, la catástrofe y calificarla de infortunio, cuando hay, existe y es evidente, quién o quiénes resultan responsables por omisión de su deber. A hablar de casualidad cuando lo que hay es causalidad. A violentar, por no llamarlo de otro modo, el procedimiento para establecer responsabilidades, en un caso mediante sustracción de medios probatorios, comprometiendo la cadena de custodia, en otro filtrando, ilegalmente, comunicaciones confidenciales y esenciales para la investigación de los hechos. Incluso editándolas, cortando y publicando únicamente lo que ayuda al relato oficial. Deleznable, patético, inmerecido por una ciudadanía que ha puesto toda su confianza en sus ingratos dirigentes.

 

De aquellos polvos estos lodos, reza la ancestral sabiduría popular. De los polvos de la inexistencia de presupuestos generales durante casi cuatro años, a días estamos, a los lodos de no saber dónde se invierte el dinero público para mantener una infraestructura que nos subió al podio de la competición y que hoy nos relega a. descencer a competiciones amateur. De los polvos de la corrupción, las mordidas y el enchufismo salvaje, a los lodos de la incompetencia técnica por sustituir a profesionales capaces por comisarios políticos sin idea alguna de lo que gestionan. De los lodos de la desinformación, la suavidad crítica y la información sesgada al barro de la desconfianza en los medios que deberían ser el cuarto poder controlador y crítico con los otros tres.

¿Cuándo y dónde se perdió el Norte?, ¿En qué bifurcación de caminos tomamos el equivocado?, porque mientras todo este dejá vu sucede sigue sin haber asunción de responsabilidad alguna, como si todo hubiera sido fruto de un desastre natural imprevisible, imposible de vaticinar o de ponerle remedio. Es evidente, que no es así, la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero. Nadie me va a convencer que dos desastres con inmensa pérdida de vidas humanas en menos de nueve meses son fruto de la alineación astral de Saturno con Urano y Neptuno, o del paso, imprevisible también, de cometas cargados de mala sombra que tienen manía a los españoles o a su gobierno.

Me importa un pimiento, o tres, las siglas, lo que me confunde y cabrea son las personas que, como los que dirigen este sector se parapetan y sujetan férreamente a un cargo para el que han demostrado, empíricamente, no ser capaces y, aún así, sacan cabeza orgullosa de su nefasta gestión.

País, decía el genial Forges.

 

* Enrique Vila es abogado. Fundador del despacho Vila, Corell y asociados.

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