Sábado, 24 de Enero de 2026

Actualizada Sábado, 24 de Enero de 2026 a las 01:15:57 horas

MARIÁNGELES BERNA
MARIÁNGELES BERNA Viernes, 23 de Enero de 2026

El riesgo detrás de algunos enlaces ocultos en las noticias

Esta semana hemos recibido un correo comercial con una propuesta que, a primera vista, podría parecer inocua: publicar un “artículo de invitado” de tono informativo sin mensajes explícitos sobre casinos o apuestas, a cambio de incluir un enlace a un cliente del sector iGaming. La fórmula es conocida en el ecosistema SEO: textos amables sobre “entretenimiento digital”, “seguridad online” o “gestión de suscripciones” donde el vínculo a una web de apuestas aparece integrado de forma discreta, casi invisible, como si fuera un recurso más.

El planteamiento busca algo muy concreto: aprovechar la credibilidad de un medio local para transferir autoridad y posicionamiento a una plataforma de juego, minimizando el rechazo del lector y el escrutinio ético que tendría un contenido claramente publicitario. El problema no es solo la intención comercial. El problema es el impacto: cuando un medio normaliza aunque sea por la puerta de atrás el acceso a estas páginas, contribuye a ampliar exposición y facilidad de entrada en un terreno donde la evidencia apunta a vulnerabilidades tempranas y riesgos reales.

En Alicante Press esta no es una cuestión teórica. Ya lo expliqué en una tribuna anterior, al hablar del compromiso de no publicar determinados contenidos sensibles aunque supongan ingresos atractivos. Vuelvo sobre ello porque estas propuestas se están sofisticando: ya no llegan como “publicidad de casino”, sino como piezas “neutras” con enlaces estratégicamente camuflados.

 

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Cuando el enlace es el mensaje

En un medio digital, un enlace no es un detalle técnico: es una puerta. Es una invitación a pasar. Y en el ámbito del SEO, además, no se compra solo tráfico; se compra legitimidad. Se compra el “parecer fiable” por asociación. Por eso, la pregunta editorial no puede reducirse a si el texto “suena promocional” o si la marca aparece poco. La pregunta relevante es: ¿a dónde conduce y a quién puede afectar?

 

Lo que dicen los datos sobre menores y juego online

Cuando decidimos si publicar o no, conviene mirar más allá de las métricas y del rendimiento inmediato. En España, los datos oficiales del Plan Nacional sobre Drogas muestran que el contacto con el juego aparece pronto: en ESTUDES 2023, el 21,5% de estudiantes de 14 a 18 años jugó con dinero (online y/o presencial) en el último año, y el 10,7% lo hizo online. La edad media de inicio ronda los 14,7 años, y se estima un 4% con posible juego problemático en ese tramo de edad.

El propio informe advierte de un patrón clave para cualquier decisión editorial: entre quienes juegan online, la proporción de indicadores compatibles con juego problemático es significativamente mayor que en otras modalidades. No hablamos de un riesgo abstracto: hablamos de exposición, normalización y accesibilidad en edades en las que la autorregulación y la percepción del daño todavía se están formando.

Si miramos a los jóvenes adultos, la fotografía tampoco invita a banalizar: en la modalidad online, el 36,5% de quienes jugaron (18–25) participó en apuestas online y, dentro de ese grupo, un 12,45% mostró síntomas de problemas con el juego, según cifras difundidas desde el ámbito institucional.

Y el fenómeno no es solo español. El proyecto europeo ESPAD advierte del crecimiento del juego online en adolescentes: en 2024, un 14% de estudiantes de 15-16 años reportó apuestas online, casi el doble que en 2019, con un aumento especialmente llamativo entre chicas.

 

La pregunta no es “¿es legal?”, sino “¿es responsable?”

Quienes venden estos contenidos suelen apoyarse en dos argumentos: que el artículo “no promociona” y que el enlace “solo informa”. Pero en contenidos sensibles, lo decisivo no es lo que se dice en superficie, sino lo que se facilita en la práctica. Un acceso directo, integrado en un texto aparentemente neutro, reduce fricción, normaliza el salto y diluye la percepción de riesgo. Y ahí, el medio deja de ser mero transmisor de información para convertirse, queriéndolo o no, en parte de la cadena de captación.

 

En Alicante Press trabajamos con un principio sencillo: no publicar aquello que, por su naturaleza, pueda incrementar el riesgo para menores o para personas vulnerables, aunque venga empaquetado de forma elegante. Esto no es moralismo; es prevención. Es entender que un medio local no solo informa: convive con su audiencia. Con familias, con jóvenes, con entornos donde el daño no es una idea lejana.

Y esa coherencia también protege a quienes sí confían en nosotros desde el lado profesional. Nuestro criterio editorial no solo cuida a los lectores; también cuida a las marcas, instituciones y proyectos que comparten valores de responsabilidad y quieren asociarse a un medio que prioriza reputación, confianza y sostenibilidad a largo plazo. En un mercado donde todo compite por atención, la credibilidad no se compra: se construye. Y se mantiene, sobre todo, cuando decidimos, con argumentos y con datos, lo que no vamos a publicar.

 

 

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