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MIGUEL SÁNCHEZ BARREDO Martes, 22 de Abril de 2014

Durmiendo con tu enemigo: cómo detectar a un potencial maltratador

Según datos del Ministerio del Interior, a lo largo de 2013 de los 54 casos de mujeres víctimas de violencia de género que resultaron muertas a manos de sus parejas, sólo 11 habían denunciado previamente su situación. Puede que algunas sintieran miedo de hacerlo, puede que otras tuvieran cierto de sentimiento de lealtad hacia su agresor (¿síndrome de Estocolmo?), o quizás muchas no fueron capaces de ver ciertos indicios de violencia que en ocasiones llevaban años dándose en la relación y que fueron subestimados. Sea como fuere, sólo se me ocurre una palabra: drama.

 

Como profesional creo que del mismo modo que desde el colegio aprendemos de memoria unas tablas de multiplicar que nos van a ser muy útiles en la vida adulta, sería bueno enseñar desde niños unas “tablas de las relaciones humanas” o unas fórmulas para distinguir qué es aceptable y qué no lo es en una relación, sea del tipo que sea. Aquí una propuesta de comportamientos que deberían enseñarse como inaceptables y a distinguir del verdadero amor en la pareja:

 

  1. Control y aislamiento: la otra persona intenta saber todo el tiempo qué haces y con quién estás. Exige explicaciones incluso sobre tus propias necesidades elementales, crea reglas de forma unilateral (mandamientos), impone prohibiciones, desvaloriza o se burla de las otras personas con las que te relacionas para aislarte, exige que no tengáis secretos entre vosotros. Se sabe que los agresores con frecuencia intimidan, amenazan o aíslan a sus víctimas como antesala de lo que posteriormente será una relación con violencia consumada.

  2. Actitud agresiva o intimidadora: en el lenguaje, en las formas, se enfada con mucha frecuencia. Mal carácter y baja tolerancia a la frustración. Cuando reñís conduce bruscamente, dando volantazos, frenazos en medio de la calzada o rebasando el límite de velocidad muy por encima. También consume tóxicos de manera temeraria o se enzarza en conductas que ponen en peligro su integridad o la de ambos para llamar tu atención. Se comporta de manera hostil con tus seres queridos y se muestra celoso si interaccionas con cualquier persona a la que pueda atribuir interés sexual en cualquier dirección. Es intimidador ante la posibilidad de que dejes la relación.

  3. Desprecio y humillación: se mofa de ti, te reprocha constantemente, intenta infundirte celos, se muestra manipulador, miente, pone trampas, os compara quedando él siempre en una posición superior. No quiere que destaques más que él, le molesta que ganes más dinero o seas más popular. La burla vendría a ser la hermana pequeña de la agresión.

  4. Negación de los errores: Nunca pide perdón o lo hace para conseguir algo. Racionaliza, justifica lo que hace o incluso acaba convenciéndote de que algo que te perjudica, lo hace en realidad por tu propio bien o porque te quiere y así lo demuestra.

 

Nota final: aunque por una cuestión de ahorro léxico he escrito el artículo utilizando el pronombre “él” para referirme al agresor, obviamente también existen casos donde la agresora es una mujer, tanto en parejas de tipo heterosexual como homosexual.

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