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ENRIQUE VILA
Viernes, 10 de agosto de 2018

Títulos de descrédito

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Según confirma la RAE, títulos de crédito es sinónimo de títulos de valor. Es decir, un documento que habilita y permite el ejercicio del derecho que en él se contiene. También conocemos por tal al soporífero listado de intervinientes en una 'pinicula' (o 'flim') que, salvo familiares y allegados, nadie resiste. Hay que destacar la intervención en todas ellas del famoso actor “Also Starring” al que aún no pongo cara.

 

Aprovecha, ve al baño y a la vuelta me traes un vaso de agua; y a mí el móvil; y a mí un yogurt. De todos es sabido que la sed se manifiesta en el momento en que alguien se levanta del sofá. Máxima universal para la que los científicos aún no han encontrado explicación razonable más allá de su comprobación empírica. Sobre el asunto, la doctora Máxima Pereza, de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de Barahona de las Brujas (Soria), viene efectuando un estudio que, al parecer, no ha pasado de los mencionados títulos de crédito. Desde la Expo del 92 en que recibió la subvención.

 

En este momento lingüístico de creación de nuevos palabros: management, coaching, net o co working, runner, brunch, hater, miembra, portavoza o similares, otro está tomando fuerza. Me refiero, obviamente, al título de descrédito. Se entiende, popularmente, por tal aquella titulación, mendaz, mezquina e irreal que alguien se auto asigna falsamente o que recibe de otros por medios tramposos, saltándose el tortuoso camino previsto para el resto. Es importante distinguirlo del conocido enchufe, que siempre ha habido y, probablemente, siempre habrá. El D.T. (Descredit Title, o Descredition Titulation, inglés y spanglish) se diferencia del enchufe (Plug o Chufing), en la solidez del rostro del autor. Generalmente suelen tenerlo de hormigón armado de alta resistencia a vientos, sismos y otras catástrofes naturales, así como la capacidad de ponerse de perfil –se vuelven casi imperceptibles– cuando son descubiertos. Igualmente, se caracterizan por la indignación, vergüenza y crítica a otros que, como ellos, los han obtenido.

 

Como tantas otras cosas, no se trata de algo novedoso o actual y tampoco particular o concreto. Es antiguo y generalizado. Como ejemplos del pasado cercano destacan insignes D.T. como Luis Roldán (PSOE), Tomás Burgos (PP), Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), Joana Ortega (CIU, extinta), Elena Valenciano (PSOE), Pepiño Blanco (PSOE), Leyre Pajín (PSOE), Patxi López (PSOE), Trinidad Jiménez (PSOE), Cristina Cifuentes (PP), Juan José Merlo (Podemos), y así hasta el infinito y más allá. Todos ellos eran poseedores de títulos de descrédito, es decir, esos que demuestran que uno no es lo que dice ser y además hace gala de ello. ¡Valientes majaderos/as!

 

En la actualidad, y al parecer, hasta nuestro democrático presidente es sospechoso de tener en su curriculum algún que otro título de descrédito, lo mismo que el vigente presidente del principal partido de la oposición. Mal endémico y prueba del nueve del afamado refrán patrio. Donde un español no alcanza con la mano, llega con la punta de su... (digamos) espada (o caradura).

 

La verdad es que habiendo medios para acceder al título sin trabajar, hay que ser bobo para dejarse los ojos en los libros. Todos aquellos que aunando esfuerzo económico paterno con, mayor o menor, sacrificio personal hemos obtenido esos títulos por la vía ordinaria no estamos preparados para una sociedad que premia la apariencia y desprecia el esfuerzo. Obsoletos especímenes de un momento histórico superado. Grandes reptiles en extinción por el impacto de un meteorito de fachada encalada y nevera vacía.

 

A los señores del maquillaje y aquellos que compran por la vestimenta habría que recordarles lo que el rubio vikingo le dice a nuestro querido malagueño, D. Antonio Banderas, en la entretenida pinícula “El Guerrero nº 13”, cuando esperan ser atacados por seres infernales. ¿No tienes miedo? -pregunta D. Antonio; el miedo no aporta nada al hombre -responde el hombre del Norte. Pues eso, el título no aporta nada al hombre, y si es inventado o injustamente conseguido, más bien le resta.

 

* Enrique Vila es abogado. Fundador del despacho Romiel y Vila Abogados

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