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RAFAEL SIMÓN GALLARDO
Domingo, 10 de junio de 2018

Me dirijo a maestros y no a profesores

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Oigan señores, si existe algún maestro entre ustedes, a ellos me dirijo.

 

Les escribo porque tratan con lo más sensible y delicado de la sociedad, porque son creadores de los que definirán nuestro futuro, porque por sus manos  pasa lo más frágil e importante que existe; nuestros hijos y por eso, su actitud y aptitud, cosas distintas aunque se diferencien en solo una letra, son de vital importancia.

 

Piensen, que han elegido ustedes ser maestros, son los que "conocen", los docentes, del verbo latino "DOC"; "el que hace a alguien decente, apropiado y conveniente", los que más saben, los mejores, los virtuosos, los "magister, master, magnos", de ahí la conocida expresión "música maestro".

 

Prefiero el término maestro al de profesor. Este último deriva del término latino "profit" que significa "el que habla delante de la gente", como ven algo parecido a lo que hacen los políticos y en nula relación con conocimiento y formación. El profesor es el que profesa, el que milita, el profeta que revela la única verdad  religiosa o ideológica, algo peligroso sin duda y nada deseable.

 

Les imploro, que no se limiten solo a los planes de enseñanza, importantes pero caducos al primer día de su implante, cambiantes, dependientes de oportunistas, de mediocres políticos de horizontes cortoplacistas y que para nada pueden sustituir su importante misión.

 

Les conmino a que no sean necios y vean más allá de sus narices sabiendo la diferencia entre lo importante y lo coyuntural, entre el continente y contenido.

 

Díganles a nuestro hijos, que en la vida, hay muchas personas villanas, injustas y egoístas, pero también, en proporción diferente, hay buena gente, héroes anónimos del día a día y enséñenles a diferenciarlos.

 

Convénzanles que más vale una moneda sudada con el esfuerzo que la misma hurtada o regalada, que el dinero es un medio pero para nada un fin último, que sepan reconocer los efectos secundarios del mismo: cuando se almacena en exceso se pudre y contamina todo lo que le rodea.  


 

Ayúdenles a saber que tenemos enemigos, contrincantes pero también compañeros y amigos veraces que hay que proteger y cuidar. 


 

Enséñeles a perder antes que a ganar porque la frustración reconducida con la perseverancia y el esfuerzo es más pedagógica y acaba en éxito al final siempre. Más vale una derrota honrosa que una vergonzosa victoria.

 

Protejan a nuestros hijos de la envidia enseñándoles a mirar, ver y reconocer. A no desear sin sentido, a no mentir. A saber que no todo está al alcance de sus manos. Que el cielo puede esperar. 


 

Promuevan el acceso a la literatura, a la cultura sin cortapisas ni juicios de intención pero déjenles que lo hagan de forma natural y libre y permitiéndoles  elegir lo que más les guste.

 

Ábranles las puertas a la vida y a la naturaleza porque todos los libros, películas, teatro, canciones y música nacen de la realidad.

 

Ayúdenles a ser suaves con los frágiles e implacables con los duros. 


 

Confírmenles, que los hombres también lloran y las mujeres también lloran y que con práctica, es bueno reír cuando se está triste. La sonrisa todo lo alisa y allana. 


 

Que sepan creer en ellos mismos, aunque el mundo entero esté en su contra. 


 

Que entiendan que hay sitios que no hay que visitar solo porque todo el mundo lo haga. 


 

Enséñenles a decidir en soledad después de pensar bien las cosas.

 

Protéjanles de las multitudes que claman sangre y díganles como luchar solos contra el mundo, si creen que es lo justo. 


 

Defiéndanlos de los cuentacuentos, vende humos e interesados. 


 

Trátenlos con respeto y afecto, con dureza si es preciso porque así es la vida, no les mimen, no les protejan con corazas de papel porque ustedes y los herreros conocen que solo en la prueba de fuego se sabe qué acero es el mejor.  


 

Por último enséñenles que la fe no es ciencia y la ciencia no es fe, que puestos a creer en alguien crean en ellos mismos. Que nadie ni nada es superior a ellos y que a nadie deben regalar el tesoro de su libertad.  


 

Que busquen amar sabiendo que nunca es balanza de equilibrio pero puestos a elegir, más vale amar mucho que ser amado en exceso.

 

Sé que es difícil y mucho les pido, pero como al principio les dije, me dirijo a maestros y no a profesores.

 

* Rafael Simón Gallardo es médico y cuenta cuentos inveterado...

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