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PASCUAL PÉREZ CUENCA
Sábado, 9 de junio de 2018
TRIBUNA DE OPINIÓN

Las cuentas salían, claro que salían

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Pascual Pérez Cuenca, candidato a Secretario General de Podemos Alicante, analiza en este artículo de opinión las circunstancias que rodearon la presentación de la moción de censura contra Mariano Rajoy y la posición de Podemos en el proceso.

Sería miopismo político creer que la moción de censura contra Mariano Rajoy la ganó Pedro Sánchez. Ha sido el pueblo en su conjunto con la explosión primaveral de protestas, muy especialmente la de las mujeres y la de los pensionistas, y con el reconocimiento unánime de la gente de que es inaceptable que ocupe el gobierno un partido condenado por corrupción sistémica. Y nadie más que el pueblo. Sus representantes en el Congreso ya no podían haber hecho otra cosa que la que hicieron, actuar para acabar con una situación irrespirable e insostenible.

 

El caso es que el resultado de la moción de censura abre una ventana de aire fresco que desbloquea una situación de degradación de la democracia. Por ello, estamos de enhorabuena.

 

El Partido Socialista, que ha atravesado en los últimos años un periodo de convulsión interna, debatiéndose entre la política del cambio y la del cambalache de las puertas giratorias, ha optado por formar un gobierno monocolor, el que cuenta con el grupo parlamentario más pequeño de toda la historia de la democracia. Esta no es una buena noticia, por mucho que sea seguro que a partir de ahora se va a romper el candado del bloqueo sistemático a que estaba sometido el Parlamento y que habrá más posibilidades de que salgan adelante leyes progresistas y con contenido social.

 

Podemos hubiera preferido que Pedro Sánchez intentara un gobierno plural, basado en un programa definido, que reflejase la diversidad de los apoyos recibidos en la moción de censura. Tenía al alcance de la mano la posibilidad de haber suscrito un acuerdo respaldado por una cantidad no inferior a los 155 votos que suman el Grupo Socialista y el de Unidos Podemos. Una mayoría suficiente para apoyar a un gobierno que eliminase las trabas a la acción de la justicia para destapar y depurar responsabilidades en todos los casos de corrupción pendientes. Un gobierno que impulsara la aprobación de las leyes de urgencia social imprescindibles para atajar la exclusión social (vivienda, garantías vitales, precariedad), que diese salida a las reivindicaciones pensionistas, que afrontase de una vez con seriedad la lucha contra la lacra de la violencia machista, que tomase medidas para la equiparación real de sueldos y derechos laborales de las mujeres, que levantase las limitaciones presupuestarias que ahogan a las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, que tomase en serio la defensa del medioambiente, que derogara la reforma laboral que está desestructurando irreversiblemente el mercado laboral, que cambiase la ley de educación, que volviese a una sanidad pública universal, que afrontase la crisis territorial,...

 

Si eso es así, Pedro Sánchez podrá contar con el apoyo de Podemos ante las arremetidas que sin duda recibirá su gobierno. Pero también cabe la posibilidad de que un gobierno tan débil sucumba a las tentaciones en las que tan frecuentemente ha caído el Partido Socialista en el pasado: refrenar sus tendencias progresistas y provocar la frustración entre la mayoría social que quiere cambio y que acaba de comprobar que los cambios son posibles. Las primeras decisiones del próximo gobierno no solo serán reveladoras si no también decisivas sobre el inmediato futuro político. Pedro Sánchez tiene tiempo, pero muy poco tiempo.

 

Lo que queda demostrado es que Podemos tenía razón cuando presentó su moción de censura hace un año: las cuentas para sacar a Rajoy de la Moncloa salían con la configuración del Parlamento de la presente legislatura. De hecho también salían en diciembre de 2015 cuando -y esto no se puede olvidar- el Partido Socialista, el mismo partido socialista que el de hoy, quiso establecer una alianza insuficiente y conservadora con Ciudadanos, pretendiendo encima que la alfombra roja la pusiera Podemos. Cuanto sufrimiento innecesario y cuanto oprobio nos hubiésemos ahorrado si Pedro Sánchez hubiese sido valiente entonces.

 

Los 180 votos que se han sumado a la moción de censura son tan legales y normales como los 170 que no se han sumado, cada uno de ellos representa lo que representa, sin entrar ahora en la cuestión de los desequilibrios territoriales de la representación parlamentaria. La concepción de que hay representantes de la ciudadanía, y por lo tanto votos en el parlamento, que están contaminados por una suerte de peste política indefinida que envenena a quien apoya es directamente fascista, como señaló Pablo Iglesias en su intervención de apoyo a la moción. No es solo una posición política intolerable. También es cínica. Salvo contadas legislaturas, tanto el Partido Popular como el Partido Socialista han hecho uso reiterado en el Parlamento de la configuración de mayorías, muchas veces de geometría variable. ¿Cómo consiguió su última investidura M. Rajoy? Coalición Canaria puede explicarlo ¿Cómo consiguió el Partido Popular hace escasamente unas semanas aprobar en las Cortes los presupuestos de 2018? El Partido Nacionalista Vasco puede contarlo.

 

No parece por tanto ni razonable, ni elegante, ni siquiera democrático el argumento de que en una situación de crisis política convocar nuevas elecciones es una opción más democrática que resolver una moción de censura o una moción de confianza. Simplemente los tres son mecanismos previstos por el sistema para resolver las crisis políticas. En todo caso, si se desea establecer una distinción metalegal cabría decir que el primer mecanismo citado, la convocatoria de nuevas elecciones, depende en exclusiva de una sola persona, la que ostenta la presidencia del gobierno, mientras que el resultado de los otros dos mecanismos, moción de censura o moción de confianza, depende finalmente de toda la Cámara y no solo de una persona. Por eso el pretexto de que convocar nuevas elecciones es una opción más democrática, como insiste machaconamente Ciudadanos, no es más que una falacia argumentativa dictada exclusivamente por el deseo de arrimar al ascua su sardina y aprovechar la burbuja demoscópica que le atribuye rentabilidad electoral inmediata. Tanta prisa ha acabado por dejar a la formación naranja al borde de un peligroso ataque de nervios. La deriva extremista que sin pausa está tomando, viene a demostrar dónde está situado Ciudadanos en el espectro político: a la derecha del Partido Popular.

 

El ordenamiento jurídico determinado por la Constitución del 78 articula un sistema político que no es presidencialista, a pesar de que pudiera parecer lo contrario debido al peso político que se atribuye a la Presidencia del Gobierno. En las elecciones generales no se vota explícitamente a la Presidencia si no a candidaturas a ocupar escaños en las Cortes y en el Senado. Una vez proclamados los resultados electorales queda configurada la Cámara baja y se ponen en marcha los procedimientos constitucionales establecidos para la elección de la persona que ocupará la Presidencia del Gobierno y que puede pertenecer, o no, a la lista más votada. La elección presidencial consiste por lo tanto en un despliegue de estrategias políticas tendentes a resolver el juego numérico de la consecución del apoyo de una mayoría suficiente de representantes a la investidura de la persona candidata, que lo es a propuesta de la jefatura del estado o por iniciativa propia al haber presentado una moción de censura o una moción de confianza.

 

Tampoco tiene entonces ningún fundamento que el Partido Popular pretenda ahora sembrar dudas sobre la calidad del sistema representativo constitucional porque haya sido desalojado del Gobierno por una moción de censura que ha salido adelante reglamentariamente. Excusas de mal perdedor.

 

* Pascual Pérez Cuenca es candidato a Secretario General de Podemos Alicante

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