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JORGE BRUGOS
Sábado, 10 de marzo de 2018

Gritos banales

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Algunos, como los señores de Podemos, no se enteran. No se quieren dar cuenta de que, si han sido elegidos democráticamente por un gran número de ciudadanos, no es para que la monten parda en las calles, como hacían en sus tiempos mozos Pablo Iglesias y su panda, sino para que cambien España, no con pancartas y con gritos en la calle, sino con propuestas e iniciativas en el Congreso. Esta institución y herramienta de la democracia, donde todo el mundo habla, y que por muchas sandeces o historias demagógicas que uno cuente, nunca nadie será silenciado. Véase Rufián, que pese a ser un twittero sin nociones de filosofía política o de derecho, da lecciones de todo, sin tener ni idea de nada.

 

Libertad parlamentaria, que los podemitas no aprovechan. No lo digo yo, lo dicen los números, unos datos que reflejan, como por ejemplo la diputada de Podemos por Alicante, Rita Bosaho, tan solo ha registrado dos preguntas en lo que llevamos de legislatura. Un “exceso” de trabajo, que está tiñendo de blanco sus mechones negros.

 

Porque, sean sinceros, empezando por usted señor Iglesias, lo que es trabajar y luchar por cambiar las cosas, le va poco. Prefiere, sin embargo, montar un circo, salir a la calle y revelar a las masas. No propone medidas en la cámara baja para luchar contra la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, pero bien que se atavía la camiseta republicana, agarra una pancarta y sale a protestar a las calles. Una urbe, un pueblo, al que siempre hay que tener presente, pero no se olvide, usted debe y puede cambiar las cosas en el Congreso de los Diputados. Ya sé qué hace mucho frio, los recortes han hecho mella hasta en el parlamento, véanse las marcas de disparo que dejo en herencia Tejero, que no hay dinero para taparlas. Pero, aunque no le guste, su lugar de trabajo está en el edificio de los leones. Si, aquel al que tanto acudía antes de ser diputado para protestar contra el sistema establecido.

 

Un régimen, como a los de Podemos les gusta llamar a nuestra nación, que no están cambiando. En lugar de buscar el consenso y el esfuerzo común entre todas las fuerzas políticas, prefieren marginarse y actuar por su cuenta. Como ha ocurrido esta semana, cuando este partido ha decidido abandonar el pacto educativo y ha llamado a la movilización en las calles. Un asfalto y aceras, que vieron nacer a Podemos, pero que desgraciadamente, estas son las mismas que pueden acabar con este sueño utópico pseudocomunista venezolano. Porque los votantes, sean de la ideología que sean, no valoran la palabrería bonita, las consignas atractivas o los gritos, sino las propuestas y reformas que un partido lleve a cabo. Iniciativas relevantes, que Podemos no ha llevado al Congreso, ellos prefieren eliminar las retrasmisiones de las misas en la 1, o evitar que a los perros se les corte el rabo.

 

Una cola, que, a los perros, no se la van a amputar, pero a Pablo Iglesias, si le van a cortar no solo las alas, sino también la coleta, como siga con esa estrategia hacia ninguna parte. Plan, que convertirá a su partido en una nueva Izquierda Unida, en una formación minoritaria que se ha olvidado de que, para cambiar las cañerías del sistema, hay que mancharse las manos. 

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