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RAFAEL SIMÓN GALLARDO
Martes, 13 de febrero de 2018

La Guerra de las Galaxias

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Oigan ustedes, esta mañana me he levantado a lo Carl Sagan, he mirado al cielo y he visto el cosmos, más bien el "policosmos", con sus constelaciones, estrellas nuevas y otras en extinción y toda la basura estelar que les rodea. Pasen y vean conmigo una clase de astrología.

 

Menuda pandilla los "policosmos" que nos gobiernan, que grupo de galbanosos, desaprensivos y codiciosos ventajistas se ha formado. El panorama está más crítico que la ola de frío que nos azota, que no es novedosa, es el frío de verdad de los inviernos, pero a todos nos sorprende, aunque sepamos, que en el hemisferio norte hace frío en invierno, siempre lo hace y no acabamos de repetir y repetir con espanto: "que frío hace, qué frío hace".

 

Con los "policosmos", pasa algo parecido, nos seguimos sorprendiendo de sus actos, se han transformado con el tiempo y la perseverancia de su estupidez interesada, en un elegido equipo de "profesionales de lo político", ajenos absolutamente a la realidad que les rodea, viviendo en sus mundos cósmicos, virtuales y paralelos al real, donde el vulgo como nosotros, no puede transitar.

 

Lo malo, o lo bueno, según se mire, es el hecho de la brecha real que se ha abierto entre "ellos y nosotros". A fuerza de no darse cuenta de nada de nuestras necesidades, de vivir para sus gustos, de utilizarnos siempre sin respeto, de sentir todos el dolor de sus actos, nos han acostumbrado a buscar las habichuelas y a no contar con ellos para nada. Es más, cuando algo hacen, nos molesta e incomoda mucho. Empezamos a tener el instinto de conservación muy bien engrasado gracias a sus constantes agresiones, Darwin tenía razón, la función hace al miembro, miren por donde, a nosotros nos está creciendo el escroto hasta los talones y la escrota también, claro está, no quiero ofender a género alguno.

 

Los "policosmos" los hay de muchos tipos. Primero, los "politufos", conocidos también como sediciosos. Los que se creen diferentes y nos miran al resto con superioridad, sin reconocer que sus genes son idénticos al de los demás, independientemente de cunas, nacimientos y sardanas. Estos, campan ofendidos por las injusticias padecidas por el imperio y desearían ser todos de color verde y con gorro, prefieren ser pitufos a españoles. Que grupo tan heterogéneo, divergente y centrípeto. Unidos por sueños imposibles y por realidades pecuniarias, donde todo cabe. Desde el facha corrompido, vestido de demócrata, con trajes chaquetas de diseño y apellido idéntico al del  signo de la suma. Junto a él, el joven nacido en Cataluña de padres charnegos y andaluces, sabelotodo, barba cuidada, barnizado de nacionalismo exprés y extremo y nombre de ladrón para más definición.

 

Pasando también, por el payaso volador de flequillo imposible, traicionado en su caída libre, mientras vive en el palacio de Waterloo. Detrás de éstos, les sigue el SSS, el Sumo sacerdote senil, descubierto con el culo al aire y la mano en la pasta, cuando iba de purista iniciático, siempre temeroso de su esposa y protectorado de hijos enriquecidos por su poder y no por su trabajo. Cerca, prosigue el obeso sacristán católico y republicano, dos personas en el mismo cuerpo, como la trinidad menos uno. Con problemas visuales y  difícil coordinación ocular,  con desmedido temperamento e inteligencia y en posesión de la verdad eterna. Respiren hondo, no he terminado. Fuera de estas galaxias, existen otras guerras  y no  mejores.

 

Los "Icebergs", los renovadores, conocidos como "politoños", los nuevos que emergen del fondo del mar, como el "Seaview". Nuevos en todo y expertos en nada, llenos de palabras altisonantes y teorías varias que suenan bien pero parecen huecas. Destacan dos constelaciones; los Cítricianos y los Moradinos, nacidos para sustituir a los de siempre, a los que se pensaban eternos e insustituibles; los "politrancos".

 

Los politoños, no han llegado al éxito por méritos propios ni tampoco por experiencia acumulada. Son elegidos por pasiva, se les vota para que los de siempre se marchen, para que los trancos dejen de engañar, dominar, corromper y enriquecerse a costa nuestra. Pero estos púberes tienen mucho riesgo, hay dudas de cómo gobernarían y sin embargo, como están las cosas,  serán las nuevas estrellas del cosmos.

 

Los Citricianos llenos de ilusión y de buenas intenciones van sumando afines, adeptos y sobre todos desilusionados de otras constelaciones. Están obsesionados en diferenciarse de los Gaviotos, hasta la exasperación repiten que no se parecen a estos trancos, que son mejores. Que serán mucho mejor que esta vieja estrella. Tanta insistencia mosquea a los dubitativos y a los que piensan las cosas dos veces. Los Moradinos, sin embargo, están en posesión de la verdad, acompañados de una falta de vergüenza atroz y de valentía que raya el peligro, buscan con ahínco la Estrella de la Muerte con la que cambiar la galaxia a toda costa y convencer a todos de que son los únicos garantes de lo justo y lo social, de que todos seremos iguales bajo sus ordenes.

 

Mientras tanto, los Gaviotos están belicosos, han decidido morir matando y no reconocen los nuevos tiempos, no piden perdón por sus muchos errores, no expulsan a sus corrompidos, para todo tienen una  justificación hasta para lo injustificable. No se sacrificarán sin hacer daño antes. Poco les importamos los simples mortales.

 

Los Rojizos, también tienen problemas, se creen que son Moradinos desde siempre y no lo fueron. Les falta la gracia, la frescura, las portavozas  y la boquita de estos. Tienen otro problema añadido, piensan que los que vivimos en sus estrellas no tenemos memoria, creen que la amnesia nos impide recordar lo que ha pasado, lo que fueron capaces de hacer en nuestro nombre y en su sin par beneficio, en sus mentiras e improvisaciones.

 

El teatro es una de mis pasiones, el teatro del absurdo siempre me gustó, pero nunca pensé que la realidad superaría a este género. El día a día de los "policosmos", es una genial e indecorosa representación operística de bufones, buitres, incultos, desaprensivos y hambrientos personajes, si no fuera por el sufrimiento y el dolor que nos acarrea a los simples mortales, sería incluso  curioso y hasta divertido.

 

* Rafael Simón Gallardo es médico y cuenta cuentos inveterado...

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1 Comentario
Fecha: Jueves, 15 de febrero de 2018 a las 09:17
Francisco
La unión en el primer párrafo del nombre del eminente divulgador Carl Sagan y el término "astrología" no me parece afortunada, ya que él destacó por enseñar astronomía y astrofísica.

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