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JORGE BRUGOS
Lunes, 5 de febrero de 2018

¿Descalabro Popular?

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Mariano Rajoy critica la aparente continua revisión de principios de Ciudadanos. Ataca a la formación naranja resaltando su carencia de ideario y de doctrina. Su persona y la de su partido, el Partido Popular, son la única opción coherente y sensata, la que cuenta con unos principios inquebrantables, firmes e innegociables, la que representa el modelo leal y que no traiciona a sus votantes.

 

Tiene guasa. Es llamativo que la persona que en un meeting llegó a decir: “Le digo a los Conservadores… ¡Iros al partido Conservador!, le digo a los liberales… ¡Iros al partido Liberal!” con lo que borraba de un plumazo y renegaba del ideario de sus siglas, acuse a otros de indefinición y de ser camaleones políticos. Aunque como se suele decir, dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Un vacío ideológico que el Partido Popular ignora mientras saca rédito electoral desprestigiando al resto de partidos. En lugar de construir mediante propuestas, intenta destruir a sus rivales a través de la calumnia. Primero lo hizo con Podemos, que utilizó como baza electoral para ganar las pasadas elecciones generales. “Qué vienen los rojos”, ese era su eslogan, su propuesta, su ideario. Ahora, los rojos, o morados por si he ofendido a alguien, ya no son peligrosos, no hay atisbos de que estos sean el verdugo del Partido Popular. Los naranjas son en este momento el objetivo, ahora son ellos los populistas, a los que hay que derrotar. El enemigo ya no es Puigdemont y su lazo amarillo, es Albert Rivera y su corbata naranja. 

 

Una estrategia destructiva, que no está surtiendo efecto, y que nunca lo hará. La gente, los ciudadanos, están cansados, quieren un cambio, una revolución. Como la que se dio en Francia con Macron. La segunda revolución francesa que defenestró a los partidos tradicionales y dio paso a un nuevo mundo político encabezado por el centro y la ultra derecha. Macron aglutinó los votos de la derecha moderada, parte de la izquierda y a la mayoría del centro. Le Pen hizo lo propio, pero con las papeletas conservadoras y derecha tradicional. Los dos les comieron el terreno a los Socialistas y Republicanos, un tiempo nuevo empezaba en Francia. Primero fue Napoleón, ahora es Macron. 

 

En España, pese a que muchos me tomen por iluminado y habitante de Narnia, no de Tabarnia, va a ocurrir algo similar. Las revoluciones son inevitables, y la encabezada por Macron llegará a España. Ciudadanos aglutinará los votos de la derecha moderada y del centro, así como parte de los socialistas liberales. Vox, al igual que hizo Le Pen, reunirá las papeletas de las manos conservadoras. El Partido Popular se quedará sin espacio político a medio-largo plazo, y sin argumentos para gobernar España. Al no avanzar, retrocederá, al no regenerarse, quedará desfasado y será historia. La gaviota se estrellará contra la realidad, será víctima de la indefinición que tanto se ha empeñado en ocultar. Víctima de su propia mentira, ha perdido toda credibilidad. Incluso los afiliados más conservadores están cambiando el azul Popular por el verde Vox, y los moderados o liberales, se han cansado del color de siempre y han escogido el naranja Ciudadanos. Tan solo los tibios sin principios o los que tienen mucho que perder, permanecen en este barco a la deriva.

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