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JORGE BRUGOS
Miércoles, 3 de enero de 2018

Relaciones muertas, mujeres rotas

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El mayor enemigo de España no es Puigdemont, Rato o la monarquía, encarnada en Felipe VI. Sino la violencia de género. Esa lacra, que hasta el jefe de Estado resaltó en su discurso de Navidad. El Rey demostró ser un monarca de calle, y no de despacho, manifestó su cercanía, preocupándose por los problemas de los españoles y apelando a solucionarlos.

 

Disyuntiva, la de la violencia machista, que, por desgracia, va a llevar a tiempo aplacar. Pese a todas las medidas que se han llevado a cabo, los maltratadores siguen acechando y actuando. No hay 016 o pacto de Estado contra el maltrato que venza a los asesinos. Pasan los años, los meses y los días, pero todo sigue igual. Las mujeres mueren, y los desalmados continúan matando. Evolucionamos en muchos aspectos, pero el machismo está a la orden del día en nuestro territorio. Esa actitud, la machista, que transforma a las mujeres en objetos, en propiedades. Como si de esclavas de la antigua Roma se tratarán, las féminas pueden ser golpeadas y asesinadas. Mientras algunos abogamos por que los perros sean reconocidos como seres sensibles en el Código Civil, otros eliminarían a las mujeres de esta norma. 

 

No evolucionan. Viven estancados en su mundo retrogrado, víctimas de su marginalidad. Muchos maltratadores, al asesinar a su pareja, se suicidan. Si yo abandono este mundo, tú lo harás conmigo. Si no eres mía, no eres de nadie. Al perder su propiedad más preciada, su existencia no merece la pena. Respirar es inútil si no estás a mi lado. No quieren vivir, pero tampoco desean que otros lo hagan. ¿Por qué no se suicidan antes de matar? ¿Por qué no se tiran por una ventana o se rebanan el cuello directamente sin necesidad de asesinar a una tercera persona, o sea su pareja? Ya es hora que tomemos cartas en el asunto. Si no eres feliz en este mundo, múdate tú solo al otro barrio sin forzar a nadie a hacer las maletas. Guarda tú sufrimiento, no lo contagies por doquier para llamar la atención.

 

España y los españoles estamos en guerra, no contra los independentistas, ni contra el adolescente norcoreano Kim Jon Un, sino contra los maltratadores y asesinos. Todos aquellos “valientes”, que son unos cobardes de puertas para fuera, pero que en su morada se transforman en bárbaros capaces de matar a sangre fría, sin importarles la presencia de sus hijos. Como monstruos, rompen la vida de su cónyuge al ver que su relación está muerta. A veces el hombre que era dócil y caballeroso en el noviazgo, se trasforma en un individuo salvaje y violento. Ignora el contexto, lo único que le importa es el objetivo, asesinar a su mujer, a la madre de sus hijos. 

 

Mujeres, que, en muchas ocasiones, parecen preferir a un forajido y no a un príncipe azul. Víctimas, que, pese a que su compañero tenía antecedentes por delitos relacionados con agresiones, ignoran esa información y se suben al carro, y nunca mejor dicho, de ese hombre. Caballero, que se transforma en ogro. La agresividad y mal humor del noviazgo se convierte en palizas en el matrimonio. Tundas que se pasan por alto, somantas que son la antesala de un asesinato. Más vale prevenir que curar, suelen decir las abuelas. Más vale que el Estado instaure medidas de prevención para evitar no solo asesinatos, sino maltratos.

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