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JORGE BRUGOS
Martes, 26 de diciembre de 2017

Fraternidad entre destrucción

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Noticia clasificada en: CATALUÑA

Al entrar en el bar, un hombre ancho, de mediana estatura, canoso y con una bufanda amarilla en honor a los “presos políticos” ataviada al cuello, nos atiende con amabilidad. Nosotros, con carpetas de Ciudadanos y con la identificación de apoderado colgada del cuello, respondemos de la misma manera. Mientras nos sirve los piscolabis, después de la jornada de elecciones, hablamos con dos parroquianos independentistas, que, preocupados por el resultado final de los comicios, desconocen cómo va a finalizar el conflicto con el Estado español. Todo es cordialidad, el dialogo derrota a la hostilidad. Fraternidad que se torna en enfrentamiento cuando en el local, un individuo, abre la puerta, ojea el terreno y nos increpa con amenazas e insultos. Ahora todo se parece a lo que se ve por la televisión, el espíritu del 1 de octubre se encarna a través de ese personaje. 

 

Como dice mi padre, cafres hay en todas partes. Desalmados y violentos que lamentablemente, hacen más ruido que los mansos. Porque cuando se destruye un edificio, se produce un mayor estruendo que cuando se cimienta.

 

He tenido la suerte de asistir a las elecciones de Cataluña del 21-D. Vivir las votaciones de primera mano, conocer las opiniones y puntos de vista de personas dispares. Me siento afortunado por estar in situ en un momento histórico, un instante crucial para nuestra historia. Acontecimiento, en el que he podido hablar con miembros de todas las fuerzas políticas, desde el PP hasta la CUP. Me era indiferente si mi interlocutor era nacionalista o españolista. Dialogaba, empatizaba, intentaba tender puentes aunque en algunas ocasiones fuera imposible. Hay que atacar a las ideas, no a las personas. Porque los humanos no son las que matan, son las ideas de estos las que destruyen.  

 

Como he dicho, pude dialogar con los independentistas. Con aquellos monstruos, que, en las vísperas a nuestro viaje a tierras catalanas, creía que me iban a despellejar. Lobos, que en la mayoría se trasformaron en corderos. Inconstitucionalistas, que en un momento puntual, reconocieron ser en su vida pasada defensores de esa misma carta que ahora critican. Como una militante de la CUP, que me reconoció que no hace mucho tiempo votaba a Ciudadanos. El monstruo no era tan malo, el enemigo no era tal. En un ambiente revuelto, donde los ciudadanos de Amposta (Tarragona) te miraban con rencor cuando se percataban de que eras de Ciudadanos, el dialogo se abría paso. Las pocas raíces de fraternidad que quedaban, eran suficientes para que floreciera la hermandad que parecía extinta.

 

Excepto por las miradas de odio y por los conflictos puntuales. Me esperaba un ambiente mucho peor en Cataluña. Me llena de esperanza que todavía queden algunos esquejes del árbol de la fraternidad que hace no tanto tiempo lucía colosalmente en estos fueros. Tierras en las que tenemos que trabajar todos los españoles para que la tolerancia y el respeto reinen sobre el conflicto y la rivalidad. Construyendo de nuevo España y cosiendo las heridas causadas. No solo por mí, el servidor que está escribiendo estas líneas, ni por los que las estáis leyendo, sino por nuestros hijos. 

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1 Comentario
Fecha: Jueves, 28 de diciembre de 2017 a las 20:50
Rafa simon
No te equivoques amigo, una cosa es la educación y otra los sentimientos políticos y estos cuando son populistas y excluyentes aniquilan a sus oponentes aunque saluden con un buenos días.

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