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PASCUAL PÉREZ CUENCA
Viernes, 3 de noviembre de 2017
TRIBUNA DE OPINIÓN

Donde dije digo, digo Diego...

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El Secretario General de Podemos Alicante, Pascual Pérez Cuenca, reflexiona sobre el "fracaso" del pacto de gobierno en el Ayuntamiento y censura a los partidos que lo conforman porque no han denunciado la situación "de irregularidad" de una parte de la plantilla municipal, en referencia al personal que entró a trabajar en el consistorio en la etapa del PP.

"... y me quedo tan ancha, sosteniendo lo insostenible".

 

Gabriel Echavárri Fernández tiene razón cuando dice que la funcionaria interina asignada a la Concejalía de Cultura, que despidió y luego readmitió por mandato del Pleno del Ayuntamiento, estaba contratada en fraude de ley por el anterior gobierno Municipal del Partido Popular.

 

Y como el de ella, pero eso ya no lo dice, o lo dice con la boca chica, decenas de otros puestos de trabajo fueron cubiertos del mismo modo, con contratos irregulares, en una época en la que la arbitrariedad, el nepotismo y la corrupción eran la moneda corriente de cambio en la política del Ayuntamiento de Alicante: "Yo contrato a tu cuñada y tú....".

 

Esta situación de irregularidad en una parte de la plantilla municipal, conocida y reconocida, se ha seguido manteniendo en el primer bienio del Tripartito sin denuncia alguna del resto de partidos, ni del gobierno ni de la oposición, ni de sindicato alguno. Es decir es la constatación de que el ecosistema político propio de la época, supuestamente, anterior a la firma del Pacto de Gobierno sigue gozando de buena salud y, por lo tanto, la certificación del fracaso del propio Pacto, que enarbolaba como su principal bandera la regeneración de la política y la ética en la administración pública. Ha tenido que ser la iniciativa de dos vecinos particulares ante un juzgado la que haya hecho que el tema se plantee encima de la mesa con toda su crudeza. Es el retrato tópico de las administraciones corruptas, que cuentan con una oposición cómplice y agradecida y con la sumisión de parte del funcionariado.

 

Al menos uno de los socios del Tripartito había prometido emplearse a fondo para acabar con ese tipo de trapicheos nada más pisar el Ayuntamiento. Resulta inverosímil, salvo manifiesta dejadez o candidez, que descubriera el fraude solo cuando el Alcalde despidió a una persona por vendetta. Lo que resulta verosímil, en cambio, es que acabará la legislatura y los contratos ilegales seguirán vigentes.

 

El despido que ha llevado a juicio al primer edil no descalifica sólo a un alcalde que hace uso de una situación de ilegalidad consentida para actuar de una forma selectiva e interesada para sus sus intereses políticos personales. Descalifica también a todo el equipo de gobierno, bien por dejación en el control o por complicidad política.

 

El otro frente judicial que tiene abierto el alcalde, el fraccionamiento de los contratos de Comercio, se explica en las mismas claves. Los polémicos asesores que Echávarri impuso en la Concejalía tenían que haber despertado la alarma del más lerdo de los políticos. Y, en la más benigna de las interpretaciones, eso no ocurrió.

 

En palabras de Mónica Oltra, "hay situaciones insostenibles, y cuando lo son, no se pueden sostener". Más todavía, si cabe, cuando el bochornoso proceso de conversaciones entre el Partido Socialista y Compromís, una humillante intervención del Ayuntamiento de Alicante por fuerzas exteriores, ha conducido a la firma del vergonzoso acuerdo del 26 de octubre que arroja el futuro político inmediato de la ciudad a la suerte judicial. Este proceso, cuyos frutos apenas han durado unos días, quedando congelado con la previsible llegada del expediente del caso al juzgado,es la prueba definitiva que demuestra que el Pacto firmado después de las últimas elecciones municipales es ya papel mojado y que, al menos para Compromís, Alicante es solo calderilla de cambio supeditada a sus intereses en el Consell. Oltra sabrá qué tenía que ganar -o que perder- para no importarle quedarse ante la ciudadanía alicantina desautorizada y en ridículo. Por su parte, La Asamblea Local de Compromís tendrá que afanarse mucho para justificarse a sí misma el ninguneo a que ha sido sometida de un día para otro.

 

Podemos Alicante viene pidiendo la dimisión de Gabriel Echávarri desde el mes de abril, pero ahora ya, dimita o no, cumpla o no Guanyar con su anunciada salida a cámara lenta del Tripartito, sea cual sea el reajuste del equipo de gobierno que se realice, las esperanzas de cambio y regeneración del Consistorio y de la ciudad que se desataron en las últimas elecciones municipales pueden darse definitivamente por frustradas. Pero no solo eso. Alicante es la segunda ciudad política de la Comunidad, y, según el President Puig, comparte bicapitalidad con Valencia. El Pacte del Botànic, que nació para regenerar la vida política autonómica, sale herido de esta crisis, en la que los dos socios del Consell han caído en la dinámica perversa de la contabilidad de sillones de mando dejando de lado los intereses de una ciudad llena de grandes problemas que resolver y que no se merece la incertidumbre que supone la situación de interinidad política de un alcalde con un futuro político inmediato pendiente de decisiones judiciales.

 

* Pascual Pérez Cuenca es Secretario General de Podemos Alicante

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