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ENRIQUE VILA
Lunes, 7 de agosto de 2017

Turismofilia

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Noticia clasificada en: TURISMO COSTA BLANCA

Acudo al extenso, casi interminable, refranero nacional que por lo visto es desconocido por algunos de nuestros compatriotas. Al menos desoído. Suelen tratarse de retazos de filosofía mezclada con la sabiduría que da la experiencia (sabe más el diablo por viejo que por diablo) comprimidos sin necesidad de programa informático, original o pirata, en una o varias frases sencillas de recordar con enseñanza, más que moraleja, o aconsejable pauta de comportamiento. Además de su sencillez tienen una virtud incontestable compartida con los teoremas matemáticos: correctamente aplicados no fallan nunca.

 

No hay duda de que los catetos multiplicados por sí mismos y sumados son idénticos al cuadrado de la hipotenusa. Fórmula del maestro Pitágoras que, con el paso de los tiempos, no solo resulta aplicable a los triángulos rectángulos sino también al comportamiento humano, pues hay más catetos e hipotenusas (cámbiense las consonantes respetando orden de vocales y se verá cuánta razón tengo) que triángulos rectángulos y hasta que botellines. Por lo menos en la España que nos toca vivir últimamente.

 

A estos, es decir, a los lados del triángulo o “catetos” y a la hipotenusa que los liga me permito recordarles un indiscutible y utilísimo refrán, “Donde comes no cagues (o defeques, si nos ponemos cursis)”, enseñanza que deriva en que si lo haces, si giñas en el puchero, tarde o temprano acabarás ingiriendo lo que has evacuado, vamos que acabarás comiendo mierda como tengas tan poco seso o seas tan cateto de hacer aguas mayores, u obrar, en el mismo lugar o sector del que te alimentas.

 

Habrá quien, inocente alma cándida, se pregunte si se puede ser tan cochino y cateto (pitagóricamente hablando) para confundir inodoro y comedor. No debiera, pero lamentable y sorprendentemente, haberlos haylos. A la pruebas me “repito” decía el sin par gallego Pazos en la igualmente irrepetible “Airbag”, antes de anunciar que el “conceto es el conceto” y de aquello de que allí “iban a haber hondonadas de hostias!”.

 

Prueba de ello es la llamada “turismofobia”, esto es, odio al turismo que ha escenificado -mejor teatralizado- un grupúsculo antisistema denominado “Arran” cuyas posaderas, además de en el caldero de todos los españoles, se ubican en nuestra, cada día más querida, Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares, zonas, al menos las dos últimas, en las que constituye fuente principal de su actividad económica. Según las cifras oficiales (web de GVA), se han alcanzado, en el pasado ejercicio, los 25 millones de turistas y 167 millones de pernoctaciones, lo que representa el 13,2% del PIB y el 14,4% del empleo, solo en nuestra comunidad. Al parecer, el presente ejercicio presentará mejores cifras.

 

No soy experto en el diagnóstico de las razones del éxito, pero tampoco creo que haya necesidad para entender que se debe a una sabia combinación de causas naturales, por un lado, y humanas por otro. Clima privilegiado; extensas y estupendas playas en la costa; historia, monumentos y tradiciones milenarias al interior; la mejor gastronomía del mundo mundial; carácter abierto y acogedor conforman algunas de las primeras. Aprovechamiento de la situación y formación de un sector servicios, en constante evolución, que ha sabido adaptarse y rentabilizarlo, tienen la culpa de lo segundo.

 

Todo ello sin olvidar que otros países con similares, o incluso mejores, condiciones de salida han dilapidado esos activos con problemas particulares. La costa norte de Africa, de Marruecos a Egipto, es un polvorín rehén de una crisis de seguridad irresoluble por ahora, al igual que los países sudamericanos tan atractivos para el turismo. De Grecia mejor no hablar y en cuanto a México, pues eso, tres cuartos de lo mismo. Póngase en una balanza ir a descansar, visitar y disfrutar, un país principal de la Unión Europea, con derechos y servicios al nivel (algunos) de la Vieja Europa y en el otro platillo cualquiera de los mencionados. No hay color, gana por goleada nuestra patria con sus muchos defectos y sus, si se quiere, escasas virtudes.

 

Y van cuatro descerebrados (según la policía solo dos), y pretenden que la gallina de los huevos de oro deje de ser ponedora y se use para caldo, iluminados y animados por no se sabe muy bien quién aunque se sospeche fundadamente. Obviamente estos lados del triángulo ni siquiera se han parado a pensar (actividad reservada a humanos) en las consecuencias de sus actos. Siguen consignas papagayas y dictámenes de líderes y lideresas cuya subsistencia no depende, en absoluto, del desarrollo de la economía. A las claras, de políticos amamantados a la ubre estatal, comunitaria o local, cuyos sueldos no peligran por el descenso de una de las principales actividades económicas que sostienen, entre otras, educación pública, sanidad pública, Seguridad Social, infraestructuras, comunicaciones, pensiones, desempleo, investigación y un largo etcétera que no se han parado a analizar, aún en el caso de que tuvieran la capacidad de hacerlo. Arrojan lo peor de sí mismos en la olla común y se quedan tan panchos reclamando meter la cuchara en ella y que esté llena por inspiración divina y derecho de nacimiento. ¡Pa qué las prisas!

 

Queridos y, a vuestro pesar, insensatos compatriotas me declaro turismofílico hasta la médula (Las Médulas, os aclaro, son otra cosa), defensor a ultranza de un sector que conforma una de las principales patas de la mesa común en que comemos y coincidente al 100% con Paco Martínez Soria, José Luis López Vázquez y Antonio Ozores, en eso de que “El Turismo es un gran Invento”.

 

*Enrique Vila es abogado. Fundador del despacho Romiel y Vila Abogados

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1 Comentario
Fecha: Martes, 8 de agosto de 2017 a las 07:34
babelia
Buen artículo Enrique. También quiero apuntar el daño que ha hecho la tv por publicar una gamberrada de barrio como la sucedida en Barcelona. Esto pasa en Alicante y no sale en el telediario, porque ahora el afán del gobierno y TVE es que le vaya mal las cosas a los Catalanes, por un próximo referéndum de independencias, es como los retrasos en embarcar del aeropuerto del Prat. Esto para en verano en todos los aeropuertos. No se pueden generar noticias propias estúpidas por los irresponsable de las agencias de noticias en el todo vale. Airear los trapos sucios dan mala fama, y el turismo es muy importante y sensible. Mi abuelo decía si quieres vender el burro, no digas las muelas que le faltan.

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