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ALICANTE PRESS
Lunes, 31 de julio de 2017
HOSPITAL SANT JOAN

Consejos para evitar ahogamientos en las playas

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Desde el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Sant Joan d'Alacant se ofrecen algunos consejos y precauciones que pueden ayudar a prevenir los casos de ahogamientos por inmersión

Durante este verano se han producido ya más de 40 incidencias en el medio acuático en la provincia de Alicante. Se trata de una problemática con la que se encuentran cada año los profesionales del Servicio de Urgencias del Hospital de Sant Joan, dado que cubre una amplia zona costera que recibe una gran afluencia de bañistas durante el verano.

 

Todo esto hace que se incremente el riesgo de producirse lesiones graves, como traumatismos craneoencefálicos, lesiones medulares y ahogamientos. También los casi ahogamientos, “ya que algunas personas que sobreviven a un ahogamiento pueden sufrir un daño cerebral permanente”, explica la jefa del Servicio de Urgencias, Elena Díaz.

 

Las consecuencias de estas lesiones “se podrían evitar o minimizar” siguiendo las recomendaciones de los expertos, respetando las normas de seguridad y no subestimando los riesgos. Por todo ello, “la intervención más importante que podemos hacer desde los servicios sanitarios es la prevención a la población para evitar, en lo posible, efectos negativos sobre la salud”, indica.

 

CONSEJOS EN LAS PLAYAS Y PISCINAS

 

Desde el Servicio de Urgencias se ofrecen algunos consejos que pueden ayudar a prevenir estos casos. Como señala la jefa de Urgencias, en primer lugar se han de seguir las indicaciones de seguridad presentes en las playas, respetando las banderas, y es recomendable bañarse en zonas con vigilancia de socorristas. “El 86% de los ahogamientos que tuvieron lugar el año pasado se produjeron en zonas donde no había ningún tipo de vigilancia”, aclara.

 

Asimismo advierte sobre los peligros de bañarse durante la noche, ya que si surgen contratiempos nadie se va a percatar de ello. Si aparece algún tipo de malestar (mareo, náuseas, dolor de cabeza, etc.), se debe salir inmediatamente del agua y se debe evitar el consumo de alcohol antes del baño, ya que disminuye la capacidad de reacción. Sobre el tradicional “corte de digestión”, explica que se conoce como “síndrome de hidrocución” y no se debe a un problema de digestión, sino a un cambio brusco de la temperatura, por lo que la entrada al agua debe hacerse de forma paulatina “mojándonos previamente nuca, muñecas y pies y evitando zambullirnos de golpe”.

 

En el caso de sentirse arrastrado por una corriente, se ha de nadar paralelamente a la playa y, una vez fuera de la corriente, nadar hacia la orilla. En este sentido, es arriesgado bañarse en ríos de gran caudal, pozas naturales o bajo las cascadas, porque puede haber corrientes o remolinos.

 

La jefa del Servicio de Urgencias recuerda que el riesgo de sufrir un ahogamiento aumenta en los niños y las personas mayores de 65 años. Se recomienda acompañar siempre en el agua a los ancianos y vigilar a los menores en todo momento cuando estén en el agua o jugando cerca de ella, sin delegar esta responsabilidad en un niño más mayor.

 

El ahogamiento se produce de forma rápida y silenciosa, “un bebé puede ahogarse en menos de tres minutos y en tan sólo 20 centímetros de agua”, de modo que “si suena el teléfono o el timbre, hay que llevarse al niño consigo”, apunta.

 

Por lo que respecta a las piscinas privadas, destaca la importancia de que estén valladas a una altura suficiente como para que no puedan ser saltadas por un niño, y que contengan una puerta con un cierre adecuado. Además, si el pequeño no sabe nadar, hay que evitar los flotadores, debiendo hacer uso del chaleco salvavidas.

 

¿QUÉ HACER ANTE UN AHOGAMIENTO?

 

La doctora Díaz recalca que, si no se está preparado para un rescate, “no hay que ponerse en peligro”; es fundamental “pedir ayuda y mantener la calma” mientras ésta llega.

 

Por lo que respecta a la actuación en caso de ahogamiento, “los primeros minutos son fundamentales para evitar daños irreversibles e incluso la muerte”, por lo que es importante, en primer lugar, evaluar la situación. “Hay que valorar el estado de conciencia, comprobando que la víctima respira”, detalla.

 

Si la persona no responde pero sí respira, se le coloca de costado (en la posición lateral de seguridad) y se llama al Servicio de Emergencias Sanitarias (112). Si no responde ni respira, se ha de avisar rápidamente al 112 y comenzar las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) básica, con 30 compresiones en el centro del tórax y dos respiraciones, continuando con este ciclo de 30 y 2 hasta que lleguen los servicios sanitarios.

 

En definitiva, el conocimiento y entrenamiento de esta técnica de RCP “puede salvar una vida o evitar lesiones cerebrales irreparables”, subraya.

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