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ENRIQUE VILA
Lunes, 17 de julio de 2017

La Reina vuelve a Alicante

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Que nadie espere ver a Alfredito Mercurio, el planeta más caliente del sistema, sobre el escenario. Lo que no pue ser no pue ser y, además, es imposible. Esos genios que tan pronto se nos fueron son irrepetibles, por eso son tan grandes, por eso perviven a través de sus obras y por eso se les recuerda y homenajea con espectáculos como Symphonic Rhapsody of Queen.

 

Si alguna duda cabía, se disipa tras “another one bites the dust” con la irrepetible “under preasure”, para algunos (me incluyo) si no la mejor, una de las diez mejores canciones de rock de todos los tiempos. Es lo que puede y debe pasar cuando dos genios, Alfredo y el Duke Blanco, se unen, sin olvidar la participación de Roger Taylor (batería) y el resto de miembros del grupo. Si alguien pretendía ver al genio de los ojos bicolor y al del bigote de guardia civil, que revise videos, porque eso no se repetirá, al menos en este mundo.

 

Sólo esa utopía le falta al espectáculo porque el resto es una gozada de principio a fin. Desde los imprescindibles violines, pasando por chelos, travesera, trombón, trompeta y coro. Mil perdones si se me escapó, detrás del juego de luces, brillos, humos y pantallas, algún miembro de la orquesta.

 

Impecable teclado y bajo. De otro mundo el batería, marcando el paso y haciendo sentir a cada golpe de baqueta la esencia del grupo. Ni un momento de paz, no querida, para las tres mil personas de aforo completo que el sábado nos olvidamos de rutinas y problemas para rejuvenecer al son de temas que llevan, algunos, más de veinticinco años acompañándonos y que tarareamos cada vez que un anuncio en televisión lo toma prestado. Cómo resistirse a un medicamento que acaba fulminantemente con los síntomas gripales y el resfriado al ritmo de “don´t stop me now”. Imposible, dan hasta ganas de contagiarse para poder curarse.

 

Sería injusto no destacar a Cristian Vidal, al mando de la guitarra eléctrica, acústica o la que le eches. Plantado en su lugar, serio, a la derecha del batería, y deleitándonos, como si fuera lo más sencillo del mundo, sin despeinar melena, con solos y punteos al alcance de muy pocos, que demostraban la calidad del tributo a la reina del rock.

 

Siete voces, siete, cada una con su estilo particular, interpretan los temas más conocidos del grupo y, si no me equivoco, alguno se les coló de los Stones sin queja del respetable. Unas veces en solitario, otras dos, tres y hasta cuatro sobre el escenario levantando traseros, palmas y aplausos más que merecidos.

 

Sin desmerecer ni un gramo el resto, dos momentos especiales y estelares, “Barcelona” y “bohemian rhapsody”. Entiendo de música lo mismo que de jamón y vino y no pretendo más. Sé lo que me gusta y lo que es bueno cuando lo veo, lo pruebo, saboreo y me deja buen gusto y ganas de repetir y, obviamente, del “bel canto” menos aún. Pero Graciela Armendáriz se sale, impresiona y cautiva con su voz como lo demostró el sonoro y prolongado aplauso de seis mil incansables manos sin previo acuerdo ni ganas de parar.

 

La versión de Fausto de “Bohemian Rhapsody” no se quedó atrás y provocó la misma respuesta cuando el interprete, esta vez solo, terminaba con aquello de “nothing really matters to me”, vamos que, llegado a este punto, habiendo disparado en la cabeza a un hombre y siendo requerido por los demonios a compartir su infierno, realmente me la trae todo al fresco y hasta luego Lucas, en definitiva el viento volverá a soplar y mis miserias humanas son granos de arena en una playa.

 

¡Uf qué momentitos! Y la falta que hace darle descanso y barbecho al cerebro para sentarse a disfrutar de ellos. Mañana, o el lunes, retomamos la rutina pero hoy toca sentir. Mañana importará que el verano se haya instalado, con todos sus rigores y su peor intención. Días y noches de calor pegajoso y dudas, muchas, de qué ponerse encima para no cocerse a lo “Pollastre Alacantí” dominguero aderezado con el caliente caldito nacional.

 

Mañana, o el lunes, tendrá importancia si un Pujol es condenado, si los diputados andaluces cobran dietas de 2.500,00 €/mes, en período vacacional, es decir, cuando no van (el resto del año es cuando no trabajan); si Puigdemon (casa Tarradellas) sigue, dale que te pego, el camino de baldosas amarillas, Barranco Road, a la busca del Mago; si un bloque de hielo, King Size, maromeror como Alicante y provincia, se desprende de la helada Antartida, tan fría como los pétreos corazones de alcaldes negando pancartas y homenajes a D. Miguel, veinte años después.

 

Nada tengo frente al “buayas-buayas” (voyage voyage para puristas), “barbacoa” de verano o cualquier otro de Georgie 5º Dann, ni contra subir la radio o escucharla despacito, pero me extrañaría mucho verme dentro de veinte años recordando estos temas y nada repitiendo evento.

 

En fin, hoy no toca más que disfrutar como lo hemos hecho recodándote Alfredito.

 

*Enrique Vila es abogado. Fundador del despacho Romiel y Vila Abogados

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