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JORGE BRUGOS
Martes, 11 de julio de 2017

La llamada

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Hace tiempo me reuní con Miriam Álvarez, Presidenta de la Asociación de mujeres por la Alianza sociocultural Venezuela-España (Amasve). Mientras charlábamos, su teléfono sonó con una llamada de su hija desde Venezuela. Ella, puso el altavoz del teléfono para que escuchara con mis propios oídos lo que su vástago le trasmitía. Enmudecida y notablemente nerviosa su hija nos contaba como el régimen de Maduro había soltado a los presos de las cárceles para mitigar las manifestaciones de la oposición. Unos delincuentes que acosaban a todos los que amenazaban al gobierno bolivariano y atacaban a los civiles con el fin de hacer callar a los críticos.

 

Una situación, la que vi reflejada gracias a esa llamada en el momento oportuno, que no es propia de un gobierno demócrata, sino más bien de una dictadura capaz de todo por perpetuarse en el poder. Un Presidente al que no le tiembla el pulso para atacar a la población civil como si fueran delincuentes. Un Maduro que reprende a cualquiera que le hace frente y le lleva la contraria. Cualquiera que desea un cambio en el país, como Leopoldo López, es un terrorista, alguien al que hay que ejecutar y torturar.

 

Nicolás Maduro es un incomprendido, un hombre adelantado a su tiempo, un santo convertido en hereje por la comunidad internacional como consecuencia de unos intereses ocultos. La población miente, Maduro dice la verdad.

 

Eso es lo que piensan algunos como Alberto Garzón, que el otro día, como consecuencia de la liberación de Leopoldo López twitteo: “La liberación del golpista Leopoldo López es una buena noticia si contribuye a la paz y al dialogo en Venezuela. Ojalá así sea”. Mensaje alentador si no fuera por el adjetivo ´golpista´, un calificativo que pone de manifiesto la reverencia que tienen los miembros de Unidos Podemos hacia Nicolás Maduro. Un líder, que es su ejemplo, un espejo en el que mirarse. Para ellos el dictador venezolano, que digo, demócrata venezolano es el bien y la oposición es el mal. Una visión distinta a la del resto como consecuencia de la realidad utópica en la que algunos parecen vivir. Una dimensión en donde España es un régimen dictatorial donde el sistema oprime al pueblo y Venezuela es una democracia donde todos viven felices disfrutando de todos los medios y libertades.

 

Una “democracia”, la venezolana, de la que todo el mundo quiere huir. Todos buscan cualquier alternativa para salir de su tierra, de su patria de donde nacieron y donde vivieron. 29.000 venezolanos han emigrado a España buscando una situación mejor, un lugar donde poder vivir libres, donde no ser tachados de golpistas por pensar diferente. Algo paradójico teniendo en cuenta que nuestra nación, España, es una dictadura. ¿Cómo es posible que los venezolanos prefieran la dictadura española a la democracia bolivariana?

 

La razón es simple. Ni España es una dictadura, ni Venezuela es una democracia. Más bien sucede lo contrario, pero algunos se siguen auto engañando y viviendo en una realidad paralela donde nada es lo que parece, donde los opresores se convierten en liberadores y los demócratas se transforman en dictadores.

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