Del Lunes, 03 de Agosto de 2026 al Jueves, 10 de Septiembre de 2026
Moros y Cristianos
"Moros y Cristianos" es, en nuestra tradición, una fiesta de cartón piedra, un simulacro donde la historia se resuelve con pólvora de fogueo y trajes de lentejuelas; pero en el Estrecho, el juego es de carne, puertos y soberanía, y resulta cómico observar cómo el Gobierno español insiste en representar su papel de democracia parlamentaria frente a un vecino que no conoce más ley que la del Makhzen.
Mientras aquí nos desgastamos en comparecencias y debates sobre la ética de las fronteras, al otro lado se gestiona un Estado dentro del Estado, una estructura donde el Rey, Comendador de los Creyentes y empresario de éxito, dicta el tempo sin necesidad de urnas ni el engorroso escrutinio de una prensa libre.
Es una asimetría fascinante que se desliza entre la política y la contabilidad: mientras nos desvivimos por no «faltar al respeto» a Rabat, el régimen marroquí compra nuestras terminales portuarias —desde Canarias hasta la Península— con la misma mano con la que abre el grifo de la migración para recordarnos quién tiene la sartén por el mango.
La narrativa del vecino pobre y desbordado es, sencillamente, una mentira piadosa que nos contamos para no admitir que nos han tomado la medida. Resulta irónico que el país que supuestamente no puede controlar a su juventud sea el mismo que construye el mayor hub logístico del Mediterráneo, superando a Valencia, mientras utiliza esa misma juventud como ariete para presionar a un Ejecutivo, el de Sánchez, que se inclina ante el sátrapa con una docilidad que ya no es diplomacia, sino claudicación.
Y es aquí donde la farsa de la buena vecindad se desmorona, revelando una arquitectura de poder que nos observa con la frialdad de un ajedrecista que sabe que su adversario está maniatado por sus propias reglas y por secretos de corrupción por conocer. Al final, no hay fiesta de Moros y Cristianos que valga cuando uno de los bandos ha dejado de jugar con nuestras reglas, y el otro, cegado por su propia corrección política, prefiere culpar a fantasmas—rusos, israelitas, ultraderecha— antes que reconocer que, en este tablero, el vecino nos está ganando la partida por goleada...
Rj. Simón es médico y cuenta cuentos inveterado...











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