Del Lunes, 03 de Agosto de 2026 al Jueves, 10 de Septiembre de 2026
El contrato social en Ceuta
En la puñetera manía de los filósofos de explicar el mundo, qué vaya necesidad hay, está la teoría política-filosófica-jurídica (¡ahí es na!, vaya tres campos), según la cual y para resumir, la libertad individual que se tiene por ser humano, es cedida a favor del Estado. Cabría cuestionarse de entrada la premisa inicial - libertad individual innata -, pero aceptemos pulpo como animal de compañía para no enredarnos más de lo estrictamente necesario. Cimentemos sobre terreno portante y losa fija que pasan rápidas las horas y tengo la impresión de divagaaaaaaaaarrrrrr.
Según esta ida de olla, hija de cráneos privilegiados como Rousseau, Locke o Hobbes, el ser humano nace y vive inicialmente en un estado de naturaleza al que renuncia parcialmente a favor de un ente abstracto llamado Estado, al que cede parte de esa libertad para que le tutele y proteja de la inconsciente y cruel naturaleza. Muy resumido en aras del fomento de la lectura y en detrimento del sueño.
Los humanos, en principio en conflicto constante los unos contra los otros, renuncian (mos) a ello para poner cierto orden en el caos y por la paz común (o mundial que diría aquella Miss). Eso debe, debería más bien, devolverles en contraprestación seguridad, libertad y bienestar.
La imaginativa construcción tiene ventajas e inconvenientes. Es aplicable a cualquier tipo de Estado, absolutista, dictatorial, monárquico o republicano, de extrema derecha o izquierda. Da igual, has renunciado y te Hobbes como Herodes o a ratos como Pilatos. Se ejerce el poder delegado conforme considere y, además, sin restricción temporal, hoy así, mañana asá y pasado ya veremos. Es, eufemísticamente, versátil. Fiel seguidor de Heráclito para el que lo único que permanece es el cambio constante. El inconveniente, casi na, que la tutela se ejerce por personas. Humanos inicialmente también cedentes, que se sitúan sobre sus congéneres con capacidad de decidir, inmunes desde que acceden al cargo, al virus del bienestar común. Simultáneamente al nombramiento se les inocula el patógeno de la indiferencia por sus congéneres.
Olvidan que su posición no es merecida sino delegada, entregada por otros a los que se deben y a cuyo servicio están (me parto). De iguales (muy probablemente mejores), sobre los que se sitúan, que renunciando a sus innatos derechos de defensa y protección, les encargan el ejercicio del poder y del adecuado uso de los medios comunes.
Y ahora vas y se lo explicas a los ceutíes. Les dices que el Estado ha cumplido fielmente con sus obligaciones en el contrato social cuando, con medios y conocimiento directo (CNI dixit) no ha previsto, de hecho ha permitido, la entrada masiva de ochenta mil individuos de desconocida procedencia en una ciudad de los mismos habitantes. Les explicas por qué la frontera, europea, por cierto, se encontraba protegida por cuarenta agentes, a unos dos mil por autoridad. Insistes en que se han ido unos setenta mil (uno arriba, uno abajo), pero quedan diez mil (de lo mejorcito de casa casa) malviviendo en chabolas improvisadas, pasando hambre y buscándose la vida. Haciendo sus necesidades en cualquier sitio inhumanamente, y copando las noches en grupos incontrolados e incontrolables.
Si tienes un hueco, que lo dudo en la apretada agenda, les comentas que no deben salir de casa solos, que mejor que sus hijas, esposas y madres, vigilen su retaguardia ya que las costumbres de respeto y atención a la libertad de la mujer no son coincidentes. Cosas de culturas, debe tratarse.
Y después, si aún le quedan ganas de mofarse a alguien, que la culpa de todo la tiene el calentamiento global, el transporte escolar, la FIFA, la UNESCO o la agrupación de profesores de autoescuela. No descartemos que en todo lo sucedido haya intervenido decisivamente la Guerra Civil que la inercia de su terminación sigue dando frutos.
Que, dadas sus merecidísimas vacaciones, la cabeza visible del Gobierno no ha considerado, ni por un momento, tomar cartas (ni para un julepe) y darse un garbeo por la zona, ¿para qué?, si está todo controlado, atado y bien atado.
Sobre el Monte Rushmore hay talladas en piedra, granito sólido, las efigies de cuatro presidentes de los EEUU, el material de sus rostros es de lo más duro entre los minerales alcanzando un 6-7 en la Escala de Mohs que tiene 10 niveles.
Se queda corto hasta el diamante. A buen entendedor…..
*Enrique Vila es abogado. Fundador del despacho Vila, Corell y asociados.












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