Lunes, 29 de Junio de 2026

Actualizada Lunes, 29 de Junio de 2026 a las 10:50:49 horas

INMA LARA VÁZQUEZ
INMA LARA VÁZQUEZ Lunes, 29 de Junio de 2026

La sostenibilidad de las personas

Vivimos en una sociedad fascinada por la velocidad. Queremos resultados inmediatos, reconocimiento instantáneo y éxito visible. Admiramos a quienes alcanzan la cima, pero pocas veces nos detenemos a observar los cimientos sobre los que han construido su vida.

La fama, el dinero, la imagen, los seguidores o la popularidad se han convertido en algunos de los principales indicadores de éxito. Sin embargo, todos ellos comparten una característica inquietante: son extraordinariamente frágiles.

 

Una carrera profesional puede desaparecer de la noche a la mañana. Una reputación puede derrumbarse en cuestión de horas. Un perfil admirado puede convertirse, de repente, en objeto de crítica pública. Lo que ayer parecía sólido hoy puede desvanecerse como si nunca hubiera existido.

Quizá porque hemos confundido el reconocimiento con el valor.

Hemos enseñado a nuestros jóvenes a ser visibles antes que valiosos. A construir una imagen antes que una identidad. A perseguir la notoriedad antes que el prestigio.

Y existe una diferencia fundamental entre ambas cosas. La notoriedad consiste en que te conozcan. El prestigio consiste en que te respeten.

Mientras la primera depende de la mirada ajena, el segundo nace de aquello que uno es cuando nadie observa.

 

Las redes sociales han amplificado esta realidad hasta extremos difíciles de imaginar hace apenas dos décadas. Elevamos a personas a la categoría de referentes con una rapidez asombrosa y, con la misma facilidad, asistimos a su caída convertida en espectáculo público.

La misma sociedad que encumbra es la que después juzga. La misma multitud que aplaude es la que, en ocasiones, señala.

Pero quizá el verdadero problema no sea la caída. Quizá el problema sea haber construido una cultura en la que la validación externa importa más que la solidez interior.

 

Cuando hablamos de sostenibilidad solemos pensar en el medio ambiente, en la reducción de emisiones, en la economía circular o en la protección de los recursos naturales. Y, sin duda, todo ello es imprescindible.

Sin embargo, existe otra sostenibilidad de la que hablamos mucho menos: la sostenibilidad humana.

La sostenibilidad de una sociedad depende también de los valores que transmite, de los referentes que promueve y de la manera en que entiende el éxito.

Porque una comunidad que premia únicamente el brillo corre el riesgo de generar vidas brillantes por fuera y vulnerables por dentro.

Necesitamos volver a valorar aquello que permanece cuando desaparecen los focos: el conocimiento, la formación, la integridad, la capacidad de servir a los demás, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

 

Del mismo modo que hemos aprendido que no podemos consumir los recursos del planeta como si fueran infinitos, quizá debamos comprender que tampoco podemos seguir consumiendo personas, imágenes y referentes como productos de usar y tirar.

La sostenibilidad no empieza en los contenedores ni termina en las energías renovables. Empieza cuando una sociedad decide qué merece ser admirado.

Si admiramos únicamente la fama, construiremos ídolos efímeros.

Si admiramos la honestidad, el esfuerzo, el conocimiento y el compromiso con los demás, construiremos algo mucho más valioso: una comunidad fuerte, humana y capaz de perdurar.

Porque nuestra casa común no se sostiene sobre los focos. Se sostiene sobre los valores que permanecen cuando los focos se apagan.

 

Inma Lara – CEO y Head of Sustainable Communications & PR

 

Comunicamos Experience Agencia de Marketing Sostenible

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