Domingo, 24 de Mayo de 2026

Actualizada Domingo, 24 de Mayo de 2026 a las 19:12:46 horas

RAFAEL SIMÓN GALLARDO
RAFAEL SIMÓN GALLARDO Domingo, 24 de Mayo de 2026

Crónica de una tarde de cristales rotos

La tarde en La Moncloa no tenía nada de heroica, más bien parecía uno de esos domingos de resaca donde la única realidad es que la aspirina se ha terminado. Pedro, el hombre que habita las alfombras oficiales como quien ocupa un piso alquilado con opción a desahucio, ha decidido que la mejor forma de gestionar el pánico es a base de decibelios. No es que haya perdido los papeles —los papeles hace tiempo que vuelan por el pasillo central, arrastrados por una corriente de aire viciado—, es que ha decidido que, ante la imputación de Zapatero, lo mejor es que se entere hasta el último ujier de la planta baja.

Aquello, cuentan los que pasaban por allí con el paso corto y la mirada al suelo —esa actitud tan propia de quien teme que le toque pagar la factura de la luz—, era un espectáculo de pirotecnia verbal. Gritos. Unos gritos que sonaban a muebles de caoba siendo arrastrados sobre mármol. El Presidente ha descubierto, con el asombro de quien descubre que el café se ha enfriado, que el suelo que pisa no es de cemento armado, sino de cartón piedra.

Dentro del partido, el ambiente era el de una partida de dominó en un velatorio. Hacía semanas que el nombre de José Luis flotaba en el aire, pesado como el plomo, presagiando tormenta. Muchos, con esa prudencia de funcionario que teme por su trienio, observaban de reojo los movimientos del expresidente. No era un interés por la arquitectura, ni mucho menos. Esa venta apresurada de la mansión, ese deshacerse de los ladrillos como quien suelta lastre en un globo que cae, había encendido todas las alarmas.

"¿Para qué vende ahora?", se preguntaban en las esquinas de los despachos, mientras las noticias judiciales empezaban a llegar con la cadencia de una gota malaya sobre el tejado. Algunos, los más cínicos, sonreían con la comisura de los labios, recordando aquello de que el patrimonio es, en esencia, la parte más sensible del ser humano.

Hoy, entre las paredes del Palacio, el aire se ha vuelto denso. Pedro, al que la suerte le ha retirado el saludo tras las últimas urnas, se ha quedado solo frente al espejo. La imputación no es solo un papel judicial; es la confirmación de que la realidad, por mucho que se intente tapar con notas de prensa o silencios calculados, acaba siempre por entrar por la puerta principal.

Se respira, en definitiva, ese ambiente de "sálvese quien pueda" que caracteriza a los finales de trayecto. Es la hora de los gritos en el despacho, del café amargo y de mirar el reloj esperando que el día pase pronto, no vaya a ser que mañana, al despertar, el Palacio amanezca un poco más vacío, un poco más silencioso, y mucho más cerca de ese abismo que todos, en el fondo, llevan meses intentando ignorar.

 

*Rafael Simón Gallardo es médico y cuenta cuentos inveterado...

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