Sábado, 02 de Mayo de 2026

Actualizada Sábado, 02 de Mayo de 2026 a las 17:17:27 horas

INMA LARA VÁZQUEZ - Columna Expertise
INMA LARA VÁZQUEZ - Columna Expertise Sábado, 02 de Mayo de 2026

La inteligencia artificial también aprende de nosotros

Hay algo casi invisible en la forma en la que convivimos con la tecnología. Le pedimos respuestas, confiamos en sus recomendaciones, delegamos pequeñas decisiones cotidianas. Y, sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar qué hay detrás de esas respuestas.

La inteligencia artificial ha entrado en nuestra vida con naturalidad. Está en los buscadores, en las plataformas que utilizamos a diario, en los sistemas que filtran currículos o sugieren contenidos. Nos resulta útil, rápida, eficaz. Pero también aprende. Y lo hace de nosotros.

Porque la inteligencia artificial no piensa por sí misma. Aprende de los datos que le damos, de los patrones que existen, de la información que durante años hemos generado como sociedad. Y ahí, en ese aprendizaje, se cuelan también nuestras inercias.

Basta con observar algunos detalles. Cómo ciertos sistemas asocian determinadas profesiones a hombres o a mujeres. Cómo los traductores automáticos tienden a asignar género según estereotipos. O cómo muchos asistentes virtuales adoptan voces femeninas cuando se trata de ayudar, atender o acompañar.

No es casualidad. Tampoco es una decisión consciente en cada caso. Es, en gran medida, el reflejo de una realidad previa que la tecnología reproduce porque la ha aprendido así.

Y aquí es donde la inteligencia artificial deja de ser solo una herramienta para convertirse en algo más. Pasa a formar parte de ese espacio compartido en el que vivimos, de esa “casa común” que construimos entre todos, también en lo digital.

Si no prestamos atención, corremos el riesgo de que lo que parecía superado vuelva a instalarse de forma silenciosa. No porque alguien lo imponga, sino porque nadie lo cuestiona.

Lo interesante es que detectar estos sesgos no requiere conocimientos técnicos. A veces basta con mirar con un poco más de intención. Preguntarse por qué una imagen muestra siempre lo mismo. Probar a cambiar el género en una consulta y observar cómo varía la respuesta. Revisar qué perfiles aparecen cuando buscamos determinados roles.

Son pequeños gestos que nos ayudan a entender que la tecnología no es neutral. Ni lo ha sido nunca. Pero tampoco es inamovible.

Hablar de esto no es desconfiar de la inteligencia artificial. Sería injusto y, probablemente, poco realista. La tecnología ha abierto oportunidades, ha mejorado procesos y seguirá formando parte de nuestro día a día. La cuestión es otra: cómo convivimos con ella.

Quizá la clave esté en asumir que, igual que aprende de nosotros, también puede aprender mejor si somos más conscientes de lo que le estamos enseñando.

Porque en esa relación hay algo profundamente humano. La inteligencia artificial no decide quiénes somos, pero sí puede influir, poco a poco, en la forma en la que nos vemos y en las oportunidades que percibimos.

Y en esa construcción, la responsabilidad no es solo de quienes desarrollan la tecnología. También es de quienes la utilizamos.

Al final, nuestra casa común no termina en lo físico. Continúa en lo digital. Y lo que ocurre en ese espacio, aunque no siempre lo veamos, también forma parte de lo que somos.

 

Inma Lara – CEO y Head of Sustainable Communications & PR

Comunicamos Experience Agencia de Marketing Sostenible

LinkedIn Inma

 

 

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