Día Martes, 20 de Enero de 2026
Día Domingo, 12 de Abril de 2026
Nací en 1975 y mi gran círculo de amigas pertenece a una generación que ha aprendido a vivir entre dos mundos. Crecimos escuchando historias de un país que cambiaba, que dejaba atrás una etapa para abrirse a otra, y nos hicimos adultas en una sociedad que prometía igualdad, aunque no siempre supo cómo construirla.
Somos, sin duda, una generación de transición. Ni tuvimos los referentes que hoy consideramos imprescindibles, ni las herramientas emocionales o sociales que ahora intentamos ofrecer a quienes vienen detrás. Y, aun así, hemos educado, trabajado, cuidado y avanzado. Muchas veces improvisando. Muchas veces solas. Muchas veces sin saber si lo estábamos haciendo bien.
Hemos vivido el feminismo desde lugares distintos. Algunas lo entendieron pronto; otras lo fueron incorporando con los años; muchas, simplemente, hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Porque no siempre tuvimos tiempo para teorizar: había que sacar adelante una casa, un trabajo, una familia. Había que tirar “hacia adelante”.
Y salir adelante ha sido, probablemente, uno de nuestros grandes aprendizajes. Somos la generación que ha cuidado a sus hijos mientras intentaba construir una carrera profesional. La que ahora empieza —o continúa— cuidando a sus mayores. La que hizo de red invisible en muchos entornos, amortiguando conflictos, organizando vidas o diseñando ingenierías domésticas para conseguir el equilibrio.
Ese trabajo, esencial para la sociedad, rara vez ha sido reconocido como tal. Y, sin embargo, sin él, nuestra casa común se habría resentido hace tiempo.
A partir de los 50, muchas mujeres sienten que su valor se cuestiona justo cuando más tienen que aportar. Como si la experiencia no contara. Como si la madurez fuera un límite y no una oportunidad. Pero la realidad es otra: hay un talento forjado, sereno y profundamente transformador en esta etapa de la vida.
Un talento que nace de haber vivido, de haber gestionado muchas incertidumbres, de haber aprendido a adaptarnos. De haber educado con una mirada que no heredamos pero sí estábamos convencidas de ella. De haber abierto camino, a veces sin ser del todo conscientes de ello con la definición de la palabra sororidad.
Pero también es una etapa de revisión. De preguntarse qué queremos ahora, qué espacio nos pertenece y qué partes de nuestra vida hemos dejado en segundo plano durante demasiado tiempo. Muchas mujeres, al llegar a esta edad empiezan, por fin, a mirarse a sí mismas con más amor y menos exigencias.
Y ahí aparece otro tipo de talento, mucho menos visible pero demasiado valioso: la capacidad de priorizar, de poner límites, de elegir mejor dónde estar y dónde no. Una forma de inteligencia vital que no podemos escribir en currículos, pero que resulta imprescindible para construir entornos más saludables, tanto en lo personal como en lo colectivo.
Si hablamos de sostenibilidad —y cada vez lo hacemos más— no podemos quedarnos en lo medioambiental o lo económico. La sostenibilidad también es reconocer y cuidar el capital humano y social que hace posible que todo lo demás funcione.
También implica replantear cómo distribuimos los cuidados, cómo valoramos el tiempo y cómo integramos a todas las generaciones en el presente, no solo en el recuerdo. Porque no se trata únicamente de reconocer lo que estas mujeres han aportado, sino de contar con ellas ahora.
¿Puede ser sostenible una sociedad que invisibiliza a una parte tan valiosa de su población? ¿Puede hablar de futuro una comunidad que no integra la experiencia de quienes han sido tan importantes para construir el pasado y este presente?
Nuestra casa común necesita de todas las miradas. También —y especialmente— de la de las mujeres de más de 50. No como un gesto simbólico, sino como una decisión inteligente y necesaria.
Porque si algo hemos demostrado es que sabemos salir adelante. Pero también sabemos construir. Y, llegado este punto, quizá ha llegado el momento de que, además de cuidar, se nos permita ocupar el espacio que nos corresponde.
No por edad. No por cuota. Sino por valor.
Porque una casa común solo se mantiene en pie cuando reconoce a quienes han puesto —y siguen poniendo— sus cimientos.
Inma Lara – CEO y Head of Sustainable Communications & PR
Día Martes, 20 de Enero de 2026
Día Domingo, 12 de Abril de 2026
Del Domingo, 12 de Abril de 2026 al Martes, 12 de Mayo de 2026
Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.121