Día Viernes, 27 de Marzo de 2026
Cuando el barrio se convierte en almacén
Cuando hablamos de “nuestra casa común”, solemos pensar en el planeta, en el medio ambiente o en los grandes retos globales. Sin embargo, la casa común empieza mucho más cerca: en la calle en la que vivimos, en el barrio en el que compramos el pan, en el comercio que abre cada mañana y en la persona que atiende detrás del mostrador.
Cada día leemos que grandes empresas caen y que sectores estratégicos pierden competitividad. Analizamos datos macroeconómicos y tendencias globales. Mientras tanto, casi sin darnos cuenta, nuestros hábitos de consumo están redefiniendo el paisaje urbano. Crece el recurso a marcas de bajo coste que ofrecen inmediatez y precios difíciles de igualar. No es una moda pasajera: es un modelo que prioriza la rapidez y el volumen.
Ese modelo también transforma nuestra casa común.
Durante décadas, el pequeño comercio ha sido una de las estructuras invisibles que sostienen la vida local. No solo generaba actividad económica; aportaba empleo cercano, asesoramiento, confianza. Era punto de encuentro, escaparate de identidad, garantía de diversidad comercial. Contribuía a que las calles estuvieran vivas y a que el barrio tuviera rostro propio.
Hoy, muchos de esos negocios sobreviven gracias a ingresos complementarios que poco tienen que ver con su vocación original. Se han convertido en puntos de recogida de paquetería, en almacenes improvisados de plataformas digitales. La comisión por paquete apenas compensa el esfuerzo y los recursos que exige. Es una estrategia para resistir, no para crecer. Y resistir no es lo mismo que prosperar.
Si nuestra casa común es el espacio que compartimos, conviene preguntarnos qué está ocurriendo en sus habitaciones. ¿Qué pasará cuando el comercio de proximidad no pueda asumir el alquiler? ¿Qué sucederá cuando la actividad principal deje de ser rentable y la complementaria no alcance para sostener el negocio? ¿Cómo serán nuestras calles si las persianas bajan y los escaparates se vacían?
No hablamos solo de tiendas. Hablamos de empleo estable y de oportunidades para autónomos y pequeñas empresas. Hablamos de relaciones de confianza que no se construyen con un clic. Hablamos de cohesión social, de seguridad, de vida en la calle. Hablamos de identidad.
La desertización comercial ya no es una hipótesis lejana. En muchas ciudades se observan locales vacíos y zonas que pierden dinamismo. Cuando desaparece el comercio de proximidad, la casa común pierde parte de su estructura. Se debilita el tejido que sostiene la convivencia cotidiana.
No se trata de demonizar el comercio digital ni de negar sus ventajas. La innovación forma parte del progreso y la tecnología ofrece oportunidades indudables. La cuestión es el equilibrio. Cuando la comodidad y el precio se convierten en el único criterio, el impacto colectivo puede ser mayor de lo que percibimos en el momento de hacer clic.
Cada decisión de compra es también una decisión sobre el tipo de casa común que queremos habitar. El precio más bajo no siempre refleja el coste real. Detrás de cada elección hay un modelo de empleo, de distribución de riqueza y de ocupación del espacio urbano.
Quizá la pregunta más honesta sea esta: ¿qué valor damos a la vida en nuestros barrios? ¿Qué importancia concedemos a la diversidad comercial, al trato cercano, a la posibilidad de emprender sin depender exclusivamente de grandes operadores globales?
Nuestra casa común no se sostiene solo con envíos rápidos y descuentos. Se sostiene con actividad, con relaciones humanas y con oportunidades compartidas. Se sostiene con decisiones cotidianas que, sumadas, configuran el entorno en el que vivimos.
Tal vez aún estamos a tiempo de reflexionar. Porque cuidar la casa común no es una tarea abstracta ni lejana. Empieza en algo tan sencillo y tan trascendente como elegir dónde y cómo compramos.
Inma Lara – CEO y Head of Sustainable Communications & PR
Comunicamos Experience Agencia de Marketing Sostenible















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.82