Del Martes, 20 de Enero de 2026 al Miércoles, 04 de Febrero de 2026
El talento que no podemos permitirnos perder
En el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid está ocurriendo algo extraordinario que merece nuestra atención. En la segunda planta de su centro quirúrgico se encuentra el primer quirófano del mundo con tecnología híbrida e impresión 3D. Allí, profesionales de diferentes ramas trabajan con biomodelos tridimensionales y gafas de realidad aumentada para realizar intervenciones de alta complejidad que hace apenas unos años pertenecían al terreno de la ciencia ficción.
Pero esta noticia no es solo un logro científico o médico. Es, sobre todo, una declaración sobre lo que somos capaces de hacer en España cuando apostamos por la innovación y el talento. Como me comentaba recientemente una joven ingeniera biomédica especializada en Big Data y Análisis de Salud, con formación avanzada en IA aplicada a datos clínicos e innovación en eHealth y MedTech, España es puntera en este campo. Y más revelador aún: "el mundo entero está pendiente de cómo funcionamos", según les dijeron las ingenieras de este proyecto en una conferencia en la Universidad de Valladolid.
España en el radar mundial
Detengámonos un momento en esta afirmación. El mundo está pendiente de nosotros. No de Silicon Valley, no de las grandes potencias asiáticas, no de los centros de investigación del norte de Europa. De nosotros. De España. De nuestros jóvenes ingenieros biomédicos que combinan medicina, datos e inteligencia artificial, de nuestros cirujanos innovadores, de esas mentes brillantes que están escribiendo el futuro de la medicina desde Madrid, Barcelona, Valencia o Valladolid.
Este es el verdadero capital de un país en el siglo XXI: el talento, la creatividad, la capacidad de innovar en la intersección de disciplinas aparentemente distantes. Y España lo tiene. Lo tiene en abundancia. Nuestros jóvenes están a la vanguardia de campos estratégicos donde convergen la salud, la tecnología y los datos: ingeniería biomédica, inteligencia artificial aplicada a la medicina, análisis predictivo de datos clínicos, desarrollo de soluciones MedTech. Son mentes inquietas, transgresoras, que no se conforman con lo establecido y que tienen el conocimiento y la audacia para proponer soluciones disruptivas.
La paradoja que debería preocuparnos
Sin embargo, ese talento que el mundo observa con admiración es el mismo que estamos dejando escapar. Según datos recientes, España sigue perdiendo miles de profesionales altamente cualificados cada año. Jóvenes que se forman en nuestras universidades públicas, que desarrollan sus habilidades en nuestros centros de investigación, y que luego se ven obligados a buscar oportunidades fuera porque aquí no encuentran las condiciones necesarias para desarrollar todo su potencial.
No hablamos solo de salarios, aunque evidentemente las condiciones económicas importan. Hablamos de ecosistemas de innovación sólidos, de inversión sostenida en I+D+i, de estructuras institucionales que faciliten la transferencia del conocimiento del laboratorio al mercado, de una cultura empresarial que valore y remunere adecuadamente la investigación aplicada. Hablamos, en definitiva, de crear las condiciones para que cuando una ingeniera biomédica especializada en Big Data sanitario y eHealth termine su formación avanzada, pueda desarrollar su carrera aquí, en proyectos como los del Gregorio Marañón, y no tenga que hacer las maletas hacia Boston, Londres o Berlín.
Un error estratégico que no podemos seguir cometiendo
Desde mi experiencia en la gestión de instituciones educativas y en el análisis de políticas públicas, observo cómo seguimos cometiendo el mismo error estratégico: invertimos en formar talento de primer nivel, pero no en retenerlo y permitir que fructifique. Es como plantar árboles y no recoger sus frutos. Es un despilfarro de recursos que ningún país con aspiraciones de futuro puede permitirse.
El caso del quirófano híbrido del Gregorio Marañón debería ser la norma, no la excepción. Debería haber decenas, centenares de proyectos así por todo el país, donde ingenieros biomédicos trabajen codo con codo con médicos para desarrollar soluciones que salven vidas mediante el análisis inteligente de datos clínicos, la aplicación de IA a la predicción de patologías, o el desarrollo de tecnologías médicas innovadoras. Y para ello necesitamos un cambio de mentalidad en tres niveles fundamentales.
Tres cambios imprescindibles
Primero, en el ámbito político e institucional: las inversiones en investigación, innovación y desarrollo tecnológico no pueden seguir siendo la variable de ajuste en los presupuestos. Son inversión estratégica, no gasto. Necesitamos políticas públicas que favorezcan la colaboración entre hospitales, universidades y empresas tecnológicas, que faciliten la creación de startups de base científica, que incentiven la permanencia del talento en sectores clave como el MedTech.
Segundo, en el tejido empresarial: necesitamos más empresas dispuestas a apostar por la innovación de alto nivel, a colaborar con universidades y centros de investigación, a incorporar talento joven en proyectos transformadores.
Y tercero, en el sistema educativo: debemos seguir formando profesionales excelentes en estas disciplinas híbridas entre salud, tecnología y datos, pero también preparándolos para ser emprendedores, para detectar oportunidades, para creer que pueden cambiar las cosas desde aquí.
Orgullo y responsabilidad
Cuando esa joven ingeniera biomédica me decía que "el mundo está pendiente de cómo funcionamos", sentí una mezcla de orgullo y responsabilidad. Orgullo porque España está demostrando que puede competir en la primera división de la innovación mundial, en áreas tan complejas y estratégicas como la aplicación de la inteligencia artificial a la medicina o el análisis masivo de datos de salud. Responsabilidad porque tenemos en nuestras manos la obligación de no desaprovechar este momento.
Nuestros jóvenes no necesitan que les regalemos nada. Tienen el talento, tienen la formación de excelencia en campos donde se juega el futuro de la humanidad, tienen las ganas. Solo necesitan que les demos las oportunidades. Que creamos en ellos tanto como ellos creen en sus proyectos. Que construyamos un país donde innovar en la intersección entre salud y tecnología no sea una hazaña heroica, sino una opción natural y viable.
El futuro se escribe aquí
El quirófano híbrido del Gregorio Marañón es un faro que nos muestra el camino. Pero los faros solo sirven si hay barcos dispuestos a seguir su luz. Es hora de que toda la sociedad —instituciones, empresas, universidades, ciudadanía— nos comprometamos con una apuesta decidida por nuestro talento. Porque en el siglo XXI, los países que triunfan no son los que tienen más recursos naturales, sino los que saben cuidar y hacer crecer su recurso más valioso: las personas capaces de imaginar y construir el futuro.
Y ese futuro, si queremos, podemos escribirlo desde aquí.
* Manuel Martínez Sirvent es politólogo y docente en Secundaria y Bachillerato; especializado en educación, estrategia política y análisis social.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28