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REDACCIÓN Viernes, 27 de Abril de 2018

PSICOLOGÍA

Qué hacer cuando un niño se enfrenta por primera vez a la muerte de un ser querido

Expertos del Grupo ASV proporcionan una serie de consejos para hablar con los más pequeños sobre la pérdida de un ser querido.

Si la muerte, de por sí, es un episodio doloroso y amargo para cualquiera, mucho más lo es para un niño que pierde a un padre o madre, un hermano, un abuelo o abuela, un amigo o alguien dentro de su círculo más íntimo. Cuando esto ocurre y el menor se enfrenta por vez primera a la muerte, resulta extraordinariamente complejo hacerle entender qué es y qué significa ese trance del que nadie es ajeno. Pese a esa dificultad, los expertos coinciden en que es “necesario” hablar con los niños sobre la muerte cuando se da la situación.

 

¿Pero cómo hacerlo? ¿Qué decirles? ¿Cómo consolar a alguien, de corta edad, que no alcanza a comprender que jamás volverá a disfrutar de la compañía de ese ser querido?

 

Ese doloroso trance, esa fase dura, servirá sin embargo para que los menores evolucionen emocionalmente, aprendan y comprendan algo más de la vida, y también a valorar la amistad y los sentimientos que ésta genera. No se trata de intentar que no se sientan tristes, sino de hacerles comprender lo que ha ocurrido y, sin duda, les volverá a ocurrir en otras ocasiones a lo largo de su vida.

 

La limitada madurez y facultad de comprensión de realidades complejas que tienen los niños, lógicas a su edad, no deben servir como excusa para enmascarar la realidad ni, por supuesto, para mentirles. Deben afrontar la realidad, y para ello los adultos necesitamos de unas nociones básicas y aplicar el sentido común.

 

Los expertos del Grupo ASV señalan que “aunque no hay una varita mágica que consiga que hablar con niños sobre la muerte vaya a resultar una situación sencilla y rápida, sus necesidades emocionales deben ser satisfechas, y como personas que son, independientemente de su edad, merecen saber la verdad si un ser querido y cercano para ellos ha fallecido”.

 

Por ello, una de las primeras cosas que recomiendan es no pensar que la muerte es “materia tabú” para los menores. Tampoco se trata de plantar ante los niños una cruda realidad que no puedan alcanzar a comprender ni digerir, “sino de ser francos e intentar que comprendan y asuman no solo la muerte, sino su significado como una etapa más de la vida”.

 

PALABRAS CLAVE

 

Para que los adultos que se vean en ese trance sepan cómo actuar, Grupo ASV nos aportan palabras “clave”, y su significado, para comprender cómo dirigirnos a un niño que se enfrenta por primera vez a la muerte.

 

Por ejemplo, la palabra “Muerte”, que es de lo que se trata. No debemos caer en la tentación de evitarla. “Es complejo entenderlo para los más pequeños, pero a partir de cierta edad su curiosidad, y lo acertado de nuestras respuestas, serán de gran ayuda para ordenar las emociones y ponerle nombre a cada sentimiento”.

 

Tristeza”. Cuando los niños interiorizan el significado del duelo, y asumen que ese familiar o ser querido jamás volverá a estar con ellos, la tristeza será la tónica que le embargue. Hay que hacerles ver que es “lo normal”, porque la ausencia de alguien querido genera una inevitable sensación de vacío, pero que esos sentimientos pueden reorientarse hacia emociones más constructivas.

 

Sentimientos”. Hay que dejar que fluyan. Los niños saben expresarlos, y pueden incluso conocer los más básicos, pero experimentar el duelo ampliará su inteligencia emocional con nuevas sensaciones.

 

Miedo”. Es probable, y a veces inevitable, que surja en un menor tras un óbito, hasta el punto en que pueden incluso preguntar si ellos también morirán, si lo harán sus amigos y sus otros familiares. Hay que explicarles didácticamente que, aunque sea una parte más de la vida, la muerte llega en su momento, y que no acecha permanentemente.

 

Recuerdos”. Recordar al ser querido que ha desaparecido es importante, para que no caiga en el olvido. Recordar las vivencias más amables vividas con él o ella fomentará la sensación de nostalgia positiva que sigue a la tristeza inicial, y creará una imagen que perdurará en el tiempo.

 

Los niños son, por naturaleza, inocentes, y por ello hablar con ellos sobre la muerte se presenta a los adultos como algo complejo y difícil. Formulará preguntas para las que no tendremos respuestas, pero en cualquier caso deben percibir que han recibido una explicación sincera. La clave está en ser consecuentes y adaptar esas respuestas a la edad del menor, que es más inteligente de lo que nos imaginamos.

 

Existen  recursos que pueden servir de gran ayuda en esos momentos, la guía “Papá, mamá, ¿qué es la muerte?”, un pequeño libro descargable de su página Apoyo Al Duelo en el que los padres podrán extraer gran cantidad de información útil, aprender a diferenciar las fases del duelo y cómo volver a la rutina.

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