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MIGUEL SÁNCHEZ BARREDO Martes, 08 de Abril de 2014

Errores muy masculinos

Cuenta Petronio en su Satiricón que el bueno de Encolpio decide acudir a Enotea (sacerdotisa del dios Príapo) buscando la cura a su impotencia sexual. Ésta le prescribe un tratamiento basado en azotes con ramas de ortiga y dejarse sodomizar con un enorme olisbo. Horrorizado ante semejante remedio, el protagonista se esfuma tomando las de Villadiego y experimenta una sorprendente curación espontánea. Existen estimaciones de que en nuestro país, alrededor de un 18% de hombres entre 25 y 70 años padecen algún tipo de disfunción eréctil.

 

Además se sabe que de éstos, al menos un 25% de los casos se deben a motivos de origen psicológico como una gran autoexigencia en lo sexual y en lo personal, una educación sexual deficitaria, problemas en la relación de pareja, depresión, ansiedad o estrés. En la práctica clínica me encuentro una y otra vez con que los hombres cometemos una serie de errores a la hora de afrontar este problema. Estos son los más frecuentes:

 

- Confundir sexualidad con genitalidad. La experiencia sexual es algo maravilloso de lo que la naturaleza nos ha provisto y que podemos aprender a disfrutar con todo nuestro cuerpo y sus cinco sentidos. Si depositamos toda la responsabilidad de una sexualidad exitosa en un único miembro (que se siente como incontrolable) tendremos servido el problema y su angustia concomitante.

 

- Pensar que el problema se arreglará sólo. No sólo no se arreglará sólo, sino que puede empeorar y terminar pasando factura a nuestra autoestima y a la de nuestra pareja que muchas veces no entenderá a qué se debe el problema, con el consiguiente sentimiento autoculpabilizador y las dudas (¿ya no le gusto?, ¿ya no me quiere?).

 

- Seguir un tratamiento sin comprometernos Algunos hombres acuden a tratamiento pensando equivocadamente que entendiendo el problema pueden arreglarlo. Pero esto es sólo un primer paso. Tratar un problema de disfunción eréctil es un proceso no siempre corto en el que el profesional, el paciente y la pareja de éste (en caso de que la tenga) deben comprometerse en poner en práctica una serie de ejercicios o consignas a seguir durante la semana.

 

- Automedicarse: No sólo es poco recomendable, sino que puede resultar peligroso si además recurrimos a fármacos que circulan por la red sin ningún tipo de restricción. Lo menos malo que puede pasar es que nos estafen.

 

- Pensar que sobre sexualidad se sabe todo. Actualmente poseemos material de contenido sexual al alcance de la mano rápido y en abundancia. Pornografía, sex-shops, reuniones de tupper-sex (¿sexo-fiambrera?), conversaciones con los amigos o internet nos dan la sensación de que somos expertos en un tema sin serlo en realidad.

 

- Olvidar la relación con la pareja. Muchas veces la disfunción eréctil es sólo un síntoma de que algo más grande en la relación de pareja está sin resolver. No sólo es importante que nos demos cuenta de qué nos pasa, sino de cómo nos pasa, dónde y con quién. Una relación de pareja basada en la comprensión y el afecto mutuo serán siempre cruciales.  

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